La sombra de Poe, de Matthew Pearl

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La sombra de Poe, de Matthew Pearl

Quentin Hobson Clark, “ciudadano de Baltimore, miembro del colegio de abogados, y apasionado de la lectura” recibió como un impacto la misteriosa muerte de Poe y la posterior denostación que hicieron de él en todos los medios, es que se trataba de “un hombre gracias al cual la posteridad guardará memoria de nosotros … Alguien tenía que recordarlo. No podemos permanecer indiferentes. Yo no podía”.

¿Por qué es que él no podía? Lo habían destinado a ser abogado. A casarse. El amaba la lectura, amaba a Poe, y se entregó en cuerpo y alma a revertir las denostaciones de su amado autor, y a intentar develar “qué le había ocurrido a Poe en sus últimos días. ¡Eso encierra un gran misterio!”.

Se puso a investigar. No lograba nada. Un recorte de prensa casual –que mencionaba que Poe se inspiró en una persona real para su famoso C. Auguste Dupin- le dio una posible solución: encontrar al verdadero Dupin, él, como el personaje de Poe, podría solucionar el misterio. Viajó a Paris, dio con el barón Dupin y con Auguste Duponte. Volvieron a Baltimore. Iniciaron su investigación. Arriesgó su reputación. Sufrió denostaciones. Atravesó peligros.

¿Por qué? Se explicó: “Poe me liberó de la idea de que la vida debe seguir un camino fijo. El era América … una independencia que desafiaba el control”.

Es cierto. Dejó todo lo que destinaban a él, su profesión, su prometida.

Pero, aún antes que esto, aún más que esto, Quentin era un “apasionado de la lectura”. Y lo supo más claramente más tarde. “Si no había ningún Dupin verdadero, ninguna persona cuyo genio hubiera tomado prestado Poe para su personaje, ¿por qué creí en ello con tanto fervor? Al principio me dediqué a copiar frases de Dupin que aparecían en los cuentos de una manera dispersa; y luego, sin ningún objetivo en concreto, escribí los cuentos completos, palabra por palabra, como si los tradujera a algún lenguaje útil. Poe no descubrió a Dupin en los informes periodísticos de Paris. Lo descubrió en el alma de la humanidad … Volvía a oír una y otra vez lo que dijo Neilson Poe: que el significado de Edgar Poe no estaba en su vida, ni en el mundo exterior, sino en sus palabras, en sus verdades … Dupin, pues existía. Existió en sus cuentos y, quizá, la verdad de Dupin estaba en toda nuestras aptitudes. Dupin no estaba entre nosotros, sino en nosotros”.

Acaso sea la solución Quentin al misterio Poe que en todos nosotros, apasionados de la lectura, hay un Quijote, un Pierre Menard, un Borges.

(Seix Barral. Traducción de Vicente Villacampa)

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