
A partir de
La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero
El dolor. Una mujer admirable. La escritura. Un concepto inhumano.
Hablamos de Marie Curie. “Marie aspiraba a mucho, aspiraba a todo”. Una de esas personas raras, prodigiosas. No sólo por esa aspiración.
Y hablamos de mucho más, y de muchas mujeres más.
Admirables.
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Y hablamos de esto, porque es, desde un punto de vista, una ficción. “Para vivir tenemos que narrarnos; somos un producto de nuestra imaginación”. Es muy real la existencia de Marie Curie. No se trata de ficción como invención de hechos, situaciones, personajes. Si no, de un modo de darle sentido a la vida.
Además: “La creatividad es justamente esto: un intento alquímico de transmutar el sufrimiento en belleza. El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor. Las novelas no los vencen (son invencibles), pero nos consuelan del espanto … Los humanos nos defendemos del dolor sin sentido adornándolo con la sensatez de la belleza. Aplastamos carbones con las manos desnudas y a veces conseguimos que parezcan diamantes”.
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“Los libros nacen de un germen ínfimo, un huevecillo minúsculo, una frase, una imagen, una intuición; y crecen como zigotos, orgánicamente, célula a célula, diferenciándose en tejidos y estructuras cada vez más complejas, hasta llegar a convertirse en una criatura completa y a menudo inesperada … Una imagen sagrada, en cualquier caso … La santa de este libro es Marie Curie. Siempre me resultó una mujer fascinante, cosa que por otra parte le ocurre a casi todo el mundo, porque es un personaje anómalo y romántico que parece más grande que la vida … La magnitud profesional de Madame Curie fue una absoluta rareza en una época en la que a las mujeres no les estaba permitido casi nada. De hecho, hoy siguen siendo relativamente escasas las científicas, y desde luego todavía se les escatiman los galardones”.
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Escribir sobre Marie Curie, a partir de la propuesta de una editorial. “Ganas de usar su vida como vara de medir para entender la mía; y no estoy hablando de teorías feministas, sino de intentar desentrañar cuál es el #LugarDeLaMujer en esta sociedad en la que los lugares tradicionales se han borrado (también anda perdido el hombre, desde luego, pero que ese pantano lo explore un varón). Ganas de merodear por las esquinas del mundo, de mi mundo; y de reflexionar sobre una serie de #Palabras que me despiertan ecos, #Palabras que últimamente andan dando vueltas por mi cabeza como perros perdidos. Ganas de escribir como quien respira. Con naturalidad, con #Ligereza”.
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“Marie Curie no fue sólo la primera mujer en recibir un premio Nobel y la única en recibir dos, sino también la primera en licenciarse en Ciencias en la Sorbona, la primera en doctorarse en Ciencias en Francia, la primera en tener una cátedra… Fue la primera en tantos frentes que resulta imposible enumerarlos. Una pionera absoluta. Un ser distinto. También fue la primera mujer en ser enterrada por sus propios méritos en el Panteón de Hombres Ilustres (sic) de París”.
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Dos preguntas.
La primera:
“¿Cómo conquistó esa polaca sin apoyos ni dinero todo eso, tan temprano, tan sola, tan a contrapelo?”
(“Fue una mujer nueva. Una guerrera. Una #Mutante”.
“Una #Mutante. Esa hembra sin lugar, o en busca de otro #Lugar”).
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Y a la vez, terriblemente, tan igual a todas las mujeres: “Marie se enorgullece, con razón, de la complicidad e igualdad científica e intelectual que tenía con su marido: ‘Nuestra convivencia era muy estrecha: compartíamos los mismos intereses; el estudio teórico; los experimentos de laboratorio; la preparación de las clases y los exámenes’. Pero justo al lado, sin darse cabal cuenta de lo que dice, escribe: ‘Nuestros recursos eran muy limitados, así que yo debía de encargarme de la casa, además de cocinar’. O sea, lo compartían todo menos el trabajo doméstico”. Y, además, después, el embarazo, ser madre, el cuidado de sus hijas, a su cargo.
También terriblemente igual en otros aspectos que hacen a las mujeres, que Marie logró vencer. “Pronto se la vio razonablemente feliz; por un lado, era la primera vez que podían estar tranquilos con respecto al dinero, y ella había sufrido mucho toda su vida por los problemas económicos; pero además es que debía de gustarle el éxito más que a Pierre, y no ya por humana pero hueca vanidad, sino porque ese éxito, en ella, suponía el reconocimiento de quien era. Por fin la admitían, por fin conseguía ser vista, después de tanta lucha”.
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La otra:
“¿Por eso estaba siempre tan seria, tan triste? ¿Por eso tenía esa expresión tan trágica en todas sus fotos?”
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“El verdadero dolor es indecible. Si puedes hablar de lo que te acongoja estás de suerte: eso significa que no es tan importante. Porque cuando el dolor cae sobre ti sin paliativos, lo primero que te arranca es la #Palabra”. Murió Pierre, el marido de Marie. La muerte, “nuestra gran enemiga … la destructora de las dulzuras, la separadora de las multitudes, la aniquiladora de los palacios y la constructora de tumbas”. “Te callas y te encierras. Eso es lo que hizo Marie Curie”.
Porque, “¿cómo es posible que no esté? Esa persona que tanto espacio ocupaba en el mundo, ¿dónde se ha metido? El cerebro no puede comprender que haya desaparecido para siempre. ¿Y qué demonios es siempre? Es un concepto inhumano. Quiero decir que está fuera de nuestra posibilidad de entendimiento. Pero cómo, ¿no voy a verlo más? ¿Ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni dentro de un año? Es una realidad inconcebible que la mente rechaza: no verlo nunca más es un mal chiste, una idea ridícula”.
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Una respuesta posible a la primera pregunta. “Cuando era más joven, de hecho hasta hace poco, aspiraba como novelista a la grandeza; a elevarme como un águila y escribir el gran libro sobre la condición humana. Ahora, en cambio, aspiro simple y modestamente a la libertad; si consiguiera ser verdaderamente libre escribiendo, libre del yo consciente, de los mandatos heredados, de la supeditación a la mirada de los otros, de la propia #Ambición, del deseo de elevarme como un águila, de mis miedos y mis dudas y mis deudas y mis mezquindades, entonces lograría descender hasta el fondo de mi inconsciente y quizá pudiera escuchar por un instante la canción colectiva. Porque muy dentro de mí estamos todos. Sólo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede escribir bien”.
Una respuesta a la segunda pregunta: supo encontrar la ligereza. Al final de sus días Marie Curie aconsejó a su hija: “Cuanto más se envejece, más se siente que saber gozar del presente es un don precioso, comparable a un estado de gracia”.
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Y es Marie Curie. Y son, también, otras científicas: Lise Meitner, Rosalind Franklin, Jocelyn Bell. Y la madre de Marie Curie, Bronislawa. Y escritoras como Carmen Laforet. Y toda la generación de mujeres que criaron a la generación de Rosa Montero. Y la Papisa Juana. Es que -siempre- debemos empezar “por el principio. Y el principio es la falta de #LugarDeLasMujeres. Los espacios equívocos en los que se han movido tradicionalmente”.
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Libertad y Ligereza.
[Aunque no es literatura, quiero agregar un artículo que cuando lo descubrí hace muchos años ya me atrapó: ¿Todas Madame Curie? Subjetividad e identidad de las científicas y tecnólogas, de Dio Bleichmar, Emilce, disponible en: https://www.aperturas.org/articulo.php?articulo=0000419]