
Escrito en 1987:
“Aunque Roberto Matta aceptó participar en la muestra Chile vive (Madrid, enero- febrero del ’87),e atrevo a conjeturar que el niño terrible de cerca de ochenta años está en otra onda, completando, por lo alto, su órbita. Es una mera suposición o quizá una proyección. Apoyó con su obra y presencia a la Unidad Popular al punto de que el gobierno militar lo desnacionalizó, negándole el pasaporte chileno, medida que estimuló a varios gobiernos a ofrecerle un stock de nacionalidades.
En un caso como éste, no es tanto de lamentar la injusticia o la improcedencia de la medida. Salta más bien a la vista su naturaleza arcaica y ritualista, su inadecuación a las cosas tal como son y como razonablemente deben aceptarse. Es muy probable que Matta volviera a Chile, donde casi nunca ha estado después del 11 de septiembre, en calidad de peligroso extremista. Pero el hecho de que se lo decrete persona non grata, traidor a la patria o lo que fuere no puede desacreditarlo como artista ni aún siquiera dentro del país, de modo que su obra es tan apreciada y publicitada como siempre en Chile. A lo más, la obligación política de erradicar a Matta hizo que la dirección del Museo de Bellas Artes achicara un cuadro en cuyos márgenes el pintor jugaba, por escrito, con la sigla MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). La docilidad al poder militar no puede ir más allá, pues no faltan funcionarios que temen al ridículo, por tratarse de personas de mundo y que prefieren hacerlo obedeciendo con un pie y desobedeciendo con el otro, rengueando al marchar”.