
A partir de
La muerte de San Narciso, de T. S. Eliot (el Narciso de Eliot)
Es como por casualidad.
“Una vez caminaba entre el mar y los acantilados
Cuando el viento le hizo consciente de sus miembros
sucediéndose suavemente
Y de sus brazos cruzados sobre el pecho”
Es el amor, sí, pero no de uno mismo.
“te mostraré algo distinto”
Porque veía en sí mismo, otros, otras cosas.
Veía que:
“Al principio estaba seguro que había sido un árbol,
Entreverando sus ramas una con otra
Y trenzando sus raíces una con otra”
Veía que
“había sido un pez
Con el vientre blanco y resbaladizo atrapado entre sus dedos,
Retorciéndose en su propio puño, su antigua belleza
Fija por un instante en las puntas rosáceas de su nueva belleza”
Veía que
“Después había sido una muchacha
Acorralada en los bosques por un viejo borracho
Y así conoció al final el sabor de su propia blancura”
Estaba distraído.
“Estaba ahogado y sosegado por su propio ritmo”
Pero se percató de algo. Mirándose en lo otro, descubrió que, igualmente, finalmente, se miraba a sí mismo, y se sobrecogió.
“Sus ojos se percataron de los ángulos agudos de sus ojos
Y sus manos, de las puntas agudas de sus dedos.
Sobrecogido por tal conocimiento
No pudo vivir al modo de los hombres, y se convirtió
en un danzante ante Dios”
No descubrió el amor de sí mismo, se creyó más allá de los hombres; danzante de Dios, quiso ser más que los hombres, fatídica pretensión.
“Se convirtió entonces en un danzante ante Dios.
Como su carne estaba enamorada de las flechas en llamas
Danzó en la arena ardiente
Hasta que las flechas llegaron.
Mientras las abrazaba, su carne blanca se rindió a lo rojo
de su sangre, y halló satisfacción.
Ahora él es verde, seco y manchado
Con la sombra en los labios”
Narciso, la fatídica pretensión de ser algo más que solo un hombre.
Grande. T.S. Eliot. Buenas noches.
Me gustaLe gusta a 1 persona