
[Con el “pintor popular … que rompe el anonimato del espíritu del pueblo”, “los pintores ingenuos y los niños que pintan completan la trinidad del ‘realismo mágico’.
El floklore “nuestro constituye, por lo menos, una lección de maestría primaria que interesa a quienes postulan a una integración del arte y de la vida sin encontrarla, realmente, en las expresiones superiores de la cultura nacional”].
“El marinero Inostroza, pintor popular, oveja negra de las artesanías, no ha reinventado, sin embargo, el oficio de la pintura sino para simbolizar, trabajosamente, lo que de ella se infiere al examinar la limpieza y la facilidad de sus soluciones técnicas: el trance de vivir en áspero y dulce contacto con las fuerzas elementales que moldean a las culturas primarias, gravándolas de limitaciones, es cierto, pero imprimiendo también, a los productos formales o simbólicos de esas culturas, las virtudes cardinales de la propiedad, la autenticidad y la objetividad artísticas.
Un pueblo escarnecido, pero intocado en su dignidad profunda, que lo defiende sustancialmente del servilismo envilecedor, asoma su viejo rostro infantil en la pobreza de estas imágenes, en las que subyacen o lactan, adormiladas, casi nonatas, las energías de un arte íntegro”.
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Sigamos trayendo aquí, como excepción, algunos especialistas. Ahora Waldemar Sommer.
[En el arte ingenuo chileno, retomando nosotros lo aquí traído de Enrique Lihn, encontramos artistas que son, en Chile, marineros: Inostroza, obreros: San Martín, mineros: Aciares, pescadores: Rojo. Hay también de otros estratos sociales. Y en otras latitudes: sirvientas domésticas: Seraphine Louis, campesinos, ferroviarios, empleados públicos, zapateros, carpinteros…]
“Proveniente de familia minera, sumamente joven se embarcó largos años como marinero; después fue obrero en diversas actividades… Probablemente ninguno de los ingenuos nacionales se muestra más cercano al arte popular, debido a lo primitivo de su factura, a su tan suelta y elemental interpretación de la realidad. No obstante, demuestra en ello una libertad insolente unida al gozo de crear mediante pigmento y pincel visiones nada más que suyas … sus trabajos más representativos son de asuntos marinos y portuarios. Exhala de ellos un ímpetu épico, presuntamente pronto a entrar en batalla”.
En ‘Doña Bartola’, “el espacio se parcela en alargadas bandas horizontales, permitiendo que el hondo sentido ornamental del artista se manifieste especialmente. Figurillas en serie animan cada franja, a través de escenas de puerto y sus no individualizables marinos, los barcos en el agua, unas pocas casas y arbolitos en maceteros, en su totalidad mostrado de modo frontal…
Otras característica capital de la obra de Inostroza es su empleo reiterado de una gama cromática sumamente interesante. De extrema simplicidad, se reduce nada más que a blanco, azul asociable a cielo y mar, amarillo que aquí simbolizaría territorio continental. Semejante elección de color otorga a estas pinturas una particular unidad formal”.