ARTE Y LITERATURA. Olympia, Manet. Paul Valery

“Olympia choca, desencadena horror sagrado, se impone y triunfa. Es ídolo y escándalo; potencia y presencia pública de un mísero arcano de la Sociedad. Su cabeza está vacía: un hilo de terciopelo negro la aísla de lo esencial de su ser. La pureza de un trazo perfecto encierra a la Impura por excelencia, a aquélla de quien su función exige la ignorancia apacible y cándida de todo pudor. Vestal bestial consagrada al desnudo absoluto, hace soñar en toda la barbarie y la animalidad ritual que se esconde y conserva en los usos y trabajos de la prostitución en las grandes ciudades.

Quizá fue esto lo que llevó al Realismo a vincularse a Manet con tal ardor. Los naturalistas aspiraban a representar la vida y todo asunto humano tal cual -propósito y programa no carentes de ingenuidad-; pero entiendo que su mérito positivo es haber encontrado poesía (o más bien haberla importado), y a veces de la más grande, en ciertos temas u objetos hasta entonces tenidos por innobles o insignificantes. Pero en el orden de las artes no hay tema ni modelo que la ejecución no pueda ennoblecer o envilecer, volver motivo de repugnancia o pretexto de embeleso …

… el triunfo de Manet se compone (incluso en vida del pintor) de una extrema variedad de talantes, e incluye hasta el antagonismo total entre hombres que le han amado y han hecho que se impusiera. Mientras Zola por ejemplo veía y admiraba en el arte de Manet la presencia real de las cosas, la «verdad» captada con fuerza y viveza, Mallarmé por el contrario gustaba en él la maravilla de una trasposición sensual y espiritual consumada en la tela”.

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