
[Con Carmen Erazo L’Huillier, con Flavia Frigeri, con Bollmann, Sommer, entre otros especialistas que aquí traemos, como excepción a las ideas y descripciones que inspiran las obras de arte a escritores y escritoras que convocamos, aquí Walter Isaacson, no un especialista en arte, pero autor de una biografía sobre Leonardo].
“Y ahora, la Mona Lisa … comenzó a pintarla en 1503 … le añadiría pequeñas pinceladas y veladuras hasta 1517. A su muerte, se encontraba en su estudio.
… culminación de una vida dedicada a perfeccionar la capacidad de situarse en la intersección entre el arte y la naturaleza … Lo que empezó como un retrato de la joven esposa de un comerciante de seda se convirtió en un intento de retratar las complejidades de las emociones humanas – inolvidable gracias a un atisbo de sonrisa enigmática- y de vincular nuestra naturaleza con la del universo. Los paisajes del alma de la modelo y del alma de la naturaleza se entrelazan”.
Las investigaciones científicas de Leonardo -ingeniería, anatomía, astronomía, geología-, su concepción general del mundo -la unidad del macrocosmos y el microcosmos-, su vida ligera de disfrutes, su desarrollo como creador de espectáculos para la corte y la ciudad, su maestría como pintor y su concepción de la pintura -el movimiento y la emoción como sus dos pilares gemelos-, su creencia en lo esquivo y cambiante y dinámico de la vida, “le habían ayudado a comprender las sutilezas de la representación y del movimiento y las emociones. ‘Su insaciable curiosidad -escribió Kenneth Clark sobre la Mona Lisa-. La ciencia, la habilidad pictórica, la obsesión por la naturaleza, la percepción psicológica: todo está allí, y de un modo tan equilibrado que, al principio, apenas nos percatamos de ello’ …
El cuadro se convirtió en algo más que el retrato de la esposa de un comerciante de seda y, desde luego, sobrepasaba el hecho de ser un mero encargo. Después de varios años, y tal vez desde el principio, Leonardo lo consideraba una obra propia y universal que legaba a la posteridad, en un lugar de un cuadro que debía entregar a Francesco del Giocondo. Nunca lo hizo y, a juzgar por la documentación bancaria de Leonardo, no cobró ni un céntimo por él. En cambio, lo mantuvo consigo en Florencia, Milán, Roma y Francia, hasta que murió, dieciséis años después de haberlo empezado. Durante esos años, le añadió, pincelada tras pincelada, capa tras capa, de pintura al óleo para perfeccionarlo, retocarlo e impregnarlo de un original y hondo conocimiento del ser humano y de la naturaleza …
La sonrisa se nos queda grabada en la mente, igual que en la mente colectiva de la humanidad. El movimiento y la emoción, las dos columnas gemelas del arte de Leonardo, jamás se habían entrelazado de forma tan estrecha en ningún otro cuadro …
La sonrisa más famosa del mundo es, de forma intrínseca y en esencia, esquiva, y ahí reside la constatación clave de Leonardo sobre la naturaleza humana. Era un experto en representar la manifestación externa de las emociones internas. Sin embargo, aquí, en la Mona Lisa nos muestra algo importante: que nunca podemos estar seguros de conocer las auténticas emociones a partir de sus manifestaciones externas. Siempre hay un sfumato en las emociones, siempre hay un velo …
La Mona Lisa se ha convertido en el cuadro más famoso del mundo no solo gracias al bombo publicitario y al azar, sino también porque los espectadores pudieron establecer un vínculo emocional con ella; porque provoca una serie compleja de reacciones psicológicas que ella a su vez parece mostrar. Y lo más increíble es que da la impresión de ser conciente tanto de nosotros como de sí misma. En eso consiste lo que la hace parecer viva, el más vivo de todos los retratos jamás pintados”.