Píldoras de la crítica. Relatos, novelas, romances [Brújulas y anclas]. Northrope Frye

Píldoras de la crítica. Relatos, novelas, romances [Brújulas y anclas]. Northrope Frye

(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)

“En las novelas que consideramos típicas, como las de Jane Austen, la trama y el diálogo guardan estrecha relación con las convenciones de la comedia de costumbres. Las convenciones de Cumbres borrascosas se vinculan más bien con el relato y la balada. Parecen tener más afinidad con la tragedia, y las emociones trágicas de la pasión y el furor, que quebrantarían el equilibrio del tono en Jane Austen, pueden tener cabida aquí sin el menor riesgo. Sucede lo mismo con lo sobrenatural, o un indicio de ello, que es difícil introducir en una novela. La configuración de la trama es diferente: en vez de maniobrar en torno a una situación central, como lo hace Jane Austen, Emily Bronté cuenta su historia con acentos lineales y parece necesitar la ayuda de un narrador, quien estaría absurdamente fuera de lugar en Jane Austen. Esta diferencia tocante a las convenciones nos justifica en considerar Cumbres borrascosas como una forma de la ficción en prosa distinta de la novela, forma que aquí llamaremos romance. Nuevamente nos toca usar una misma palabra en varios contextos diferentes, pero, bien mirado, romance parece ser más apto que relato, término que se ajusta a una forma un poco más corta.

La diferencia esencial entre la novela y el romance estriba en la concepción de la caracterización. El autor de romances no pretende crear ‘personas reales’ sino más bien estilizadas que se dilatan hasta adquirir la magnitud de arquetipos psicológicos. Es en el romance donde encontramos reflejados en el héroe, en la heroína y en el malvado, respectivamente, la libido, el ánima y la sombra de Jung. Razón por la cual, el romance irradia a menudo un resplandor de intensidad subjetiva que le falta a la novela y por la cual un indicio de alegoría ronda constantemente sus márgenes. En el romance se liberan determinados elementos del carácter que naturalmente hacen de él una forma más revolucionaria que la novela. El novelista se ocupa de la personalidad, de los personajes que llevan puestas sus personae o máscaras sociales. Necesita el entramado de una sociedad estable y muchos de nuestros mejores novelistas han sido convencionales de un modo que está al tris de parecer remilgado. El autor de romances se ocupa de la individualidad, con personajes in vacuo, idealizados por el ensueño, y por más conservador que sea, algo nihilista e indomable tiende a irrumpir fuera de sus páginas”.

(Anatomía de la ficción. Northrope Frye)

[Las clasificaciones parecieran hoy no poder dar cuenta de la complejidad y multiplicidad de tipos, modos, estilos, formatos de escrituras, sin embargo, nos sirven como brújulas y anclas para intentar una comprensión que se una al disfrute de la lectura].

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