Píldoras de la crítica. Sancho, heredero de don Quijote. Miguel de Unamuno

Píldoras de la crítica. Sancho, heredero de don Quijote. Miguel de Unamuno

(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)

¿Qué herencia heredó Sancho (muchos de nosotros) de don Quijote?

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“… En la muerte se revela el misterio de la vida, su secreto fondo. En la muerte de Don Quijote se reveló el misterio de su vida quijotesca. Seis días estuvo encamado con calentura, desahucióle el médico, quedóse solo y durmió más de seis horas de un tirón. ‘Despertó al cabo del tiempo dicho, y dando una gran voz dijo: Bendito sea el poderoso Dios que tanto bien me ha hecho. En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres. ¡Piadosísimas palabras! Preguntóle la sobrina qué le pasaba y respondió: Las misericordias, sobrina, son las que en este instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados. Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de caballerías. Yo conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa, sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; quería hacerla de tal modo que diese a entender que no había sido mi vida tan mala que dejase renombre de loco: que puesto que lo he sido, no querría confirmar esta verdad en mi muerte’.

¡Pobre Don Quijote! A lindero de morir y a la luz de la muerte confiesa y declara que no fue su vida sino sueño de locura. ¡La vida es sueño! Tal es, en resolución última, la verdad a que con su muerte llega Don Quijote y en ella se encuentra con su hermano Segismundo. Mas todavía lamenta no poder leer otros libros, que sean luz del alma. ¿Libros? ¿Pero es, noble hidalgo, que no estás desengañado ya de ellos? Libros te metieron a caballero andante, libros te llevaban a ser pastor; ¿y si esos libros que sean luz del alma te meten en otras, aunque nuevas caballerías?

… dinos, ¿no es sueño también la muerte? ¡Ah!, y si fuera sueño eterno y sueño sin ensueños ni despertar, entonces, querido Caballero, ¿en qué más valía la cordura de tu muerte que la locura de tu vida? Si es la muerte sueño, Don Quijote mío, ¿por qué han de ser molinos los gigantes, carneros los ejércitos, zafia labradora Dulcinea y burladores los hombres? Si es la muerte sueño, locura y sólo honda locura fue tu anhelo de inmortalidad. Y si fue sueño y vanidad tu locura ¿qué sino sueño y vanidad es todo heroísmo humano, todo esfuerzo en pro del bien del prójimo, toda ayuda a los menesterosos y toda guerra a los opresores? Si fue sueño y vanidad tu locura de no morir, entonces sólo tienen razón en el mundo los bachilleres Carrascos, los Duques, los Don Antonio Moreno, cuantos burladores, en fin, hacen del valor y de la bondad pasatiempo y regocijo de sus ocios. Si fue sueño y vanidad tu ansia de vida eterna, toda la verdad se encierra en aquellos versos de la Odisea (VIII, 579-580): ‘Los dioses traman y cumplen la perdición de los mortales para que los venideros tengan algo que cantar’*.

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¿Qué herencia heredó Sancho (muchos de nosotros) de don Quijote?

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“¿Qué te arrastró, Don Quijote mío, a tu locura de renombre y fama y a tu ansia de sobrevivir con gloria en los recuerdos de los hombres, sino tu ansia de no morir, tu anhelo de inmortalidad? …

Pero allí estaba Sancho, en la cumbre de su fe, a que llegó después de tantos tumbos, arredros y tropiezos, y Sancho al oírle tan desengañado, le dijo: ‘¿ahora, señor Don Quijote, que tenemos nueva que está desencantada la señora Dulcinea, sale vuesa merced con eso; y ahora que estamos tan a pique de ser pastores para pasar la vida cantando como unos príncipes, quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle por su vida, vuelva en sí, y déjese de cuentos’.

¡Notables palabras! ¡Vuelva en sí! ¡Vuelva en sí y déjese de cuentos!

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No, esta herencia no es:

“Hizo Don Quijote su testamento y en él la mención de Sancho que éste se merecía, pues si loco fue su amo parte a darle el gobierno de la ínsula, pudiera estando cuerdo darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece”.

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Es esta otra. Una fe:

“Y volviéndose a Sancho, quiso quebrantarle la fe y persuadirle de que no había habido caballeros andantes en el mundo, a lo cual Sancho, henchido de fe y loco de remate cuando su amo se moría cuerdo, respondió llorando: ‘Ay, no se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más’.

¿La mayor locura, Sancho?

… Y dicho lo de la locura de dejarse morir, volvió Sancho a las andadas, hablando a Don Quijote del desencanto de Dulcinea y de los libros de caballerías. ¡Oh heroico Sancho, y cuán pocos advierten el que ganaste la cumbre de la locura cuando tu amo se despeñaba en el abismo de la sensatez, y que sobre su lecho de muerte irradiaba tu fe, tu fe, Sancho, la fe de ti que ni has muerto ni morirás! Don Quijote perdió su fe y murióse, tú la cobraste y vives; era preciso que él muriera en desengaño, para que en engaño vivificante vivas tú.

… Acudió el bachiller en ayuda de Sancho, y al oírlo dijo Don Quijote con mortal sosiego: ‘Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros ogaño: yo fui loco y ya soy cuerdo; fui Don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno: pueda con vuesas mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mí se tenía’.

Sanaste, Caballero, para morir; volviste a ser Alonso Quijano el Bueno para morir.

… Es Sancho, es tu fiel Sancho, es Sancho el bueno, el que enloqueció cuando, tú curabas de tu locura en tu lecho de muerte, es Sancho el que ha de asentar para siempre el quijotismo sobre la tierra de los hombres. Cuando tu fiel Sancho, noble Caballero, monte en tu Rocinante, revestido de tus armas y embrazando tu lanza, entonces resucitarás en él, y entonces se realizará tu ensueño. Dulcinea os cojera los dos y estrechándoos con sus brazos contra su pecho, os hará uno solo.

… disipóse el sueño. Y la experiencia me enseña que el hombre que vive sueña lo que es, hasta dispertar. Sueña el rey que es rey y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando. (LA VIDA ES SUEÑO, II, 19) Soñó Don Quijote que era caballero andante hasta que todas sus aventuras en cenizas le convierte la muerte —¡desdicha fuerte!, (II, 19) ¿Qué fue la vida de Don Quijote? ‘¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño y los sueños sueños son’ (II, 19)”.

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“Acabó de hacer su testamento Alonso Quijano, recibió los sacramentos, abominó de nuevo de los libros de caballerías, y entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaban, dio su espíritu; quiero decir que se murió.

… ¿Pero es que creéis que Don Quijote no ha de resucitar? …

Volverá cuando Sancho, agobiado hoy por los recuerdos, sienta hervir la sangre que acopió en sus andanzas escuderiles, y monte, como dije, en Rocinante, y revestido de las armas de su amo, embrace el lanzón y se lancea hacer de Don Quijote. Y su amo vendrá entonces y encamará en él. ¡Animo, Sancho heroico, y aviva esa fe que encendió en ti tu amo y que tanto te costó atizar y afirmar! ¡ánimo!”.

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