
Píldoras de la crítica. Facundo, un libro crea un país. Carlos Gamerro (y Martínez Estrada y Piglia)
(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)
“Sarmiento es o se propone ser maniqueo a ultranza; lo suyo no es la superación dialéctica de los contrarios ni la concidentia oppositorum ni la posibilidad de una coexistencia pacífica, ya sea simultánea o alternada. Para él, la solución de los conflictos se da cuando una de las partes derrota y elimina a la otra: triunfo de la civilización sobre la barbarie, degüello del caudillo, reemplazo del gaucho por el inmigrante, eliminación física del salvaje …
Pero apenas intenta bajar sus esquemas a la realidad, sobre todo a la construida por Rosas, las cosas empiezan a complicársele, y aparecen las paradojas; la barbarie reside en Buenos Aires y se exporta a las provincias; ciudad y campo invierten sus significaciones; los federales imponen un régimen unitario; Rosas ha convertido la gran estancia pampeana en modelo de Estado y ahora intenta imponerlo a las provincias; la oposición ya no es entre campo y ciudad sino entre dos modelos de explotación agrícola (la antigua finca colonial y la moderna estancia)…
Si todavía nos parece que su esquema coincide con la realidad, puede deberse a que, como señala Ezequiel Martínez Estrada en las páginas que cierran su ‘Radiografía de la pampa’:
[…] para Sarmiento la realidad había tomado los caracteres constitutivos de su misma personalidad, y si aun hoy nos parece su persona mental y temperamentalmente tan ceñida a la realidad, hasta el extremo de coincidir temporalmente ambas configuraciones, es porque esa realidad que vemos es la que elaboró él con su genio.
A la seducción intelectual y al efecto tranquilizador de los esquemas que construye Sarmiento se agrega el poder subyugante de sus imágenes, como también señala Martínez Estrada:
Los creadores de ficciones eran los promotores de la civilización […] El más perjudicial de esos soñadores, el constructor de imágenes, fue Sarmiento. […] Esa ilusión tuvo consistencia; fue tan fuerte como para imponerse a lo categórico y conminatorio de la realidad.
También Ricardo Piglia, en ‘Una trama de relatos’, indaga este ‘poder hipnótico’ de ‘Facundo’:
Construye una interpretación que dura hasta hoy […]: lo real es falso, hay que construir una copia verdadera. Lo notable es que ese libro ha logrado imponer esa duplicación como construcción histórica. En lo real todo parece estar desdoblado, el juego de oposiciones prolifera; en ese sentido el Facundo es como un virus: todos los que lo leen empiezan a ver civilizados y bárbaros.
Seguimos viviendo, en gran medida, en el país que Sarmiento inventó para nosotros; discutiendo desde los esquemas en los que intentó hacer encajar la realidad argentina y aun sudamericana, y debatiéndonos dentro de ellos. Aun los que lo combaten lo hacen en los términos que él ha marcado, y quienes optan por Facundo Quiroga tienden a olvidar que el Facundo que defienden es un Facundo fabricado por Sarmiento. Defienden al personaje contra el autor”.
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Y lo mismo con el “Martín Fierro”:
“Ezequiel Martínez Estrada, en su fundamental ¿Muerte y transfiguración de Martín Fierro’, describe el poema de Hernández con una figura que recuerda el mapa 1:1 que recubre la geografía de un país en ‘Del rigor en la ciencia’ de Borges:
El Martín Fierro ocupa el territorio entero del folklore rioplatense. Ni historia, ni leyenda ni tradición, ni forma alguna de literatura popular subsisten una vez que se ha difundido el poema. Todo se olvida, recordándoselo. […] Todavía más: hasta los autores posteriores pierden su contacto con la realidad directa del idioma, del sensorium, y hasta de las cosas rurales. La realidad misma de nuestras llanuras parece convertirse en un plagio del Poema, y sus hombres oriundos adquieren sus dichos y hasta sus costumbres […] y ¿por qué no decirlo? ciertas inflexiones y modalidades del habla. Ya es indiscernible lo que tomó Hernández y lo que se ha tomado de él. […] El Martín Fierro es una realidad superpuesta. La realidad es obliterada por esa visión literaria, las cosas se evocan a través de sus versos […] Mayor valor que el lenguaje […] es el que debe reconocerse al Martín Fierro por haber superfetado una realidad de carácter literario, en virtud de la fascinación que ejerció, a la realidad verdadera”.