
En el callejón de la vía del Corno. La IA y las amenazas existenciales: literatura de anticipación, guerras, totalitarismo. Literatura, ética y política en la era de la modernidad reproductiva. Notas, IV
Para Auerbach en su Mímesis: La representación de la realidad en la literatura occidental, en Rabelais, “no existe patrón estético alguno, todo va bien con todo. Lo real cotidiano está enclavado dentro de la fantasía más inverosímil”. Para Harold Bloom en su Ensayistas y profetas: el canon del ensayo, Montaigne “hasta el advenimiento de Shakespeare es la gran figura del Renacimiento europeo, comparable en poder cognitivo y en influencia a Freud en nuestros días”, buscando desidealizar (ensalzada por la imitación humanista de la Antigüedad), afirmar la vida ordinaria, la existencia natural, el yo; una “plenitud de experiencias que busca al margen del lenguaje y que espera que su propio lenguaje represente”. A estos “ensayistas proféticos”, como algunos otros más, que podían “ayudarnos a convertirnos en lo que somos como individualidades con preocupaciones, más que como individualistas indiferentes a nosotros mismos y a los demás”, podemos asimilarlos a algo que llamaremos genéricamente los escritores de una literatura de anticipación, que tanto nos asombra.
En su Nexus, Yuval Noah Harari, advierte una y otra vez sobre las consecuencias éticas y políticas de un desarrollo de la Inteligencia Artificial en el que “los ordenadores están tomando cada vez más decisiones sobre nosotros”, y no es lo más grave, sino que más grave es que es por un agente, la IA, con sus algoritmos crecientemente inescrutables para el género humano, lo que impediría, más grave aún, que haya o tengan eficacia los “mecanismos de autocorrección” que son los que, finalmente, permitieron a lo largo de la historia humana evitar o salvarse de catástrofes en los diversos órdenes de la vida; por eso concluye: “construir instituciones con mecanismos de autocorrección sólidos. Esta es, quizá, la lección más importante que puede ofrecer este libro”. Los riesgos del totalitarismo son una advertencia que arroja al mundo.
Este desarrollo de la IA, en curso, representa una potencial amenaza existencial para las y los seres humanos. Y en el presente está acaparando el debate público, al estar cambiando ya el mundo en gran medida.
Estas amenazas existenciales, parecieran estar velando otras, guerras que podrían desbordarse hasta alcanzar al mundo entero; la catástrofe ambiental; la inminencia de una arremetida totalitaria que la reciente elección en Estados Unidos con el triunfo de Trump representa.
***
Aquellos ensayistas proféticos tenían un aire más de optimismo en un mundo en transición que parecía anunciar un mundo mejor. El ensayismo, sin morir declinó, y en su lugar la literatura de anticipación tomó la antorcha, esta vez, con un tono de mayor pesimismo y urgencia.
Tal vez la obra más representativa siga siendo 1984 de George Orwell. Escrita entre 1947 y 1948, destilaba y proyectaba el régimen de Stalin al mundo entero y al resto de la historia por venir. No fue tanto, ni tan poco. El cosmos de la novela nos permite pensar y comprender nuestro tiempo, pero nunca logra sobreponerse al caos de la realidad que, finalmente, representa mejor la idea del “paralelogramo de fuerzas” de Engels, o la del “carácter emergente de lo social” de la socióloga Margaret Archer en su Teoría social realista. El enfoque morfogenético.
Aunque hoy con el desarrollo que está tomando la IA se retoman aquellas temibles imágenes del Gran Hermano.
Pero la realidad anticipa a la realidad. La base técnica, la IA al centro, de un futuro así temible, se sostiene en aquellos fenómenos sociales en curso que mencionábamos más arriba: guerras al borde del desborde; catástrofe medioambiental; el triunfo de Trump en Estados Unidos.
***
Otra novela, que podríamos incluir entre las de anticipación, dio cuenta de esto, al menos, del último de estos fenómenos. La conjura contra América, de Philip Roth. Comienza: “El temor gobierna estas memorias, un temor perpetuo. Por supuesto, no hay infancia sin terrores, pero me pregunto si no habría sido yo un niño menos asustado de no haber tenido a Lindbergh por presidente, o de no haber sido vástago de judíos”; “los republicanos proclamaron a Lindbergh”.
Pero quiero quedarme con una imagen sola, de un solo hecho, de un solo día en la vida cotidiana de los “Roth”: visitan en la capital de Estados Unidos las estatuas de Washington y Lincoln, Hermann Roth, el padre, expresa su admiración contraponiéndola a Lindbergh, y una anciana y su fornido hijo que están allí, murmuran: “Es un judío bocazas, cómo me gustaría abofetearles”.
Un hecho casual, insignificante.
En su Nazismo y clase obrera, Sergio Bologna, afirma que el nazismo tenía un fuerte, sino determinante, componente obrero. Dirá también que “no es cierto que el proletariado alemán se rindiera sin combatir”. Es un debate, pero queremos llegar a otro punto.
***
Antes, consideremos que no hay hoy aquellos combates con aquellos sujetos. Sí hay esa arremetida del feminismo, y hoy, entre los votantes de Trump, junto con el voto latino, estuvo el de los jóvenes, hombres, enfrentando al feminismo, y a las mujeres. Y hay una arremetida contra los judíos, que excede la guerra de Israel contra Palestina; y una arremetida contra los migrantes.
En otra de las representativas novelas de anticipación, El cuento de la criada de Margaret Atwood, nos relata una realidad terrible: “Fue después de la catástrofe, cuando le dispararon al presidente, ametrallaron el Congreso y el ejército declaró el estado de excepción”. Y desde entonces, “las mujeres ya no podemos tener nada de nuestra propiedad. Es una nueva ley”.
Un sueño parecía volver a despuntar, y estar quedando en la vigilia, sin estar alcanzando a ver un nuevo amanecer.
***
Hay otra novela, que tal vez no pueda incluirse entre las de anticipación, sino que más bien se retrotrae para entender. Pero unas y otras se complementan para ayudarnos a entender mejor el mundo en que vivimos, y a nosotros mismos.
Vasco Pratolini en Crónica de pobres amantes, nos propone pensar la vida como es la vida de la escena de su novela: La vida es como es la vida en el callejón vía del Corno, en Florencia, “en el que cada amanecer hay abundancia de hechos, así, con su épica humilde”. Y deberíamos agregar, con la indiferencia mutua entre sus diversos planos superpuestos.
Hoy, pareciera que estamos volviendo al callejón de la vía del Corno.
***
Porque por un lado pareciera haber una dislocación entre los distintos planos de la vida: el desarrollo impetuoso de la IA con sus promesas y amenazas; un ilusorio apogeo del individuo, del yo, y la nueva amenaza de un Gran Hermano; un auge de las experiencias virtuales y la pérdida del aura con la modernidad reproductiva, de lo que ya hablamos en anteriores Notas. Unas indiferente a las otras, todas preparando nuevos fenómenos sociales emergentes.
En el mismo Nexus, Harari hace una afirmación que parece una osadía imposible: “En el centro de toda religión se halla la fantasía de conectar con una inteligencia sobrehumana e infalible … estudiar la historia de la religión es tan importante para los debates actuales acerca de la IA”. Más adelante, cita un autor que “insiste en las semejanzas entre el dios omnisciente e incognoscible de la teología judeocristiana y las IA actuales, cuyas decisiones nos parecen a la vez infalibles e inescrutables. Esto puede suponer para los humanos una peligrosa tentación”.
***
A la Ilustración y la Revolución Francesa le seguirían los intentos de Restauración monárquica y el resurgir de nuevos viejos misticismos, la anti- modernidad se resistía al avance, que resultó irrefrenable, de la modernidad.
Goya en sus Caprichos pintaría sus visiones pobladas de brujas y monstruos, pesadillas que asolaban su tiempo.
Y es que, nos dice una de sus biógrafas, Antonina Vallentin en su Goya, que “por todas las grietas de un mundo que se ha quedado sin sueños, lo sobrenatural sale a la luz”.
Y tal vez aquí resida el problema. Porque, retomamos anteriores Notas, ante la potencial emergencia de la IA como un agente no humano frente a la humanidad, ante esto que, de ser así, representaría una amenaza existencial en una esfera de la vida que parece indiferente a las otras amenazas existenciales que emergen en otras esferas de la vida, riesgos de guerras que asolen el mundo entero, catástrofes ambientales, totalitarismo con Trump, aquellos sujetos, con cada persona, con cada individuo, con sus pratolinescas “épicas cotidianas”: inmigrantes, mujeres, trabajadores, nuevos dostoyevskianos “humillados y ofendidos”, están allí, esperando nuevos sueños.
La literatura sigue siendo esa reserva para pensar el mundo en el que vivimos, y nuestras vidas.