
Píldoras de la Crítica. Carroll, Kafka, Borges. Jaime Rest
(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)
“En suma, Borges no desecha la realidad del universo, pero cuestiona la aptitud humana para penetrar en su naturaleza y ordenamiento …
Por la misma razón Borges es un lector ferviente de la novela policial clásica, aquella que se concentra en la resolución de un enigma y soslaya las descripciones violentas y el testimonio social deliberado de la serie noire. Al respecto, ha declarado: ‘Cuando uno lee narraciones policiales y luego otras novelas, se comprueba con sorpresa -es injusto pero sucede- que las últimas presentan un aspecto informe. En una anécdota detectivesca todo se halla cuidadosamente relacionado’ …
No es necesario profundizar excesivamente en los textos para descubrir un conjunto de metáforas que hacen referencia a nuestro desamparo, a nuestra ignorancia, al desconcierto que circunda nuestras vidas. El laberinto es el lugar en el que el hombre se extravía y queda prisionero. El sueño y los espejos registran imágenes cuya tenue consistencia se desvanece, sin explicaciones …
Borges comparte la certidumbre de que nos circunda un ‘misterio tremendo’ … que la realidad carece de orden y significado …
Intelectualmente el hombre no está articulado en la realidad de manera plena, sino que se halla en una perpetua búsqueda. Tal es el centro de nuestra situación en el universo … Se vive con una ilusión de permanencia, se lucha por grados de realización presuntamente valederos, se explora una posibilidad de comunicación; por último, de acuerdo con tales metas, se comprueba que la existencia es ‘para nada’. Si hay una clave que justifica el paso de cada cual por este mundo, está más allá de nuestro dominio y su presencia sólo puede ser admitida como artículo de fe o como mera conjetura …
Esta experiencia es una de las formas -acaso la más profunda y radical- en que se revela la alienación humana …
Cabe señalar la presencia de tres autores relevantes que en el curso de los últimos cien años parecen haber optado por la hipótesis de que la alienación es y fue siempre inevitable, en razón de que emana de una toma de conciencia del desajuste entre las herramientas cognoscitivas de que disponemos y los hechos concretos que debemos afrontar. Lewis Carroll, Franz Kafka y Jorge Luis Borges exhiben, en tal sentido, una singular afinidad de criterios. El primero de los nombrados, en las celebradas aventuras de Alicia, nos propone el desconcierto de su heroína -un ser humano individual, concreto- al ingresar en un mundo inquietante que acaso se muestre caótico para quien lo visita, pero que responde a un ordenamiento riguroso e inflexible, a un ordenamiento que la protagonista no llega a comprender pero que los otros sin duda conocen … De igual modo Joseph K. y el agrimensor, en Der Prozess y Das Schloss, son las víctimas de sistemas perfectamente coherentes, pero cuyo funcionamiento jamás podrán interpretar … Borges ahonda aún más en este abismo y en un determinado momento llega a declarar que la separación entre cada bibliotecario y esta Biblioteca de Babel que nos circunda consiste , por añadidura, en una diferencia de naturaleza: aunque ininteligible, el universo, pese a su aparente multiplicidad desordenada, exhibe armonías y bellezas que es necesario suponer concebidas por una divinidad; el hombre, en cambio, no es más que el producto del azar o de un demiurgo, de una deidad corrompida que ha perdido el don de transmitir a sus criaturas la fuerza integradora. Sobre esta base es posible construir un parentesco entre Borges y Kafka, que habitualmente ha sido sugerido por la crítica sin que se especificaran las justificaciones de tal afinidad. Tal vez ésta radique, entre otros rasgos, en un modo análogo de testimoniar, en nuestro tiempo, la condición alienada de los actos humanos. En Kafka, sus personajes ven bloqueado el acceso a los significados. En Borges, una distancia insuperable separa el pensamiento de la realidad … De todas maneras, cabe establecer una diferencia entre ambos autores. El hombre kafkiano acaba por rendirse a la alienación y acepta resignadamente la imposibilidad de conocer las causas de su ajusticiamiento, los motivos que impiden su ingreso al castillo. En la posición de Borges, en cambio, prevalece el homo luddens, conciente de que el camino está cerrado pero dispuesto a solazarse con los posibles atajos, con las taumaturgias del pensamiento, tan ilusorias como fascinantes”.