
A partir de
Cantar de Cantares / Exposición de Fray Luis de León
“ya ves pasó el invierno, pasó la lluvia, fuese
… el tiempo del cantar es venido”
Pero no un invierno cualquiera, sino el invierno del amor, del deseo, la carne, los aromas, los celos, la espera: de la violencia de las pasiones. Pasó: cantemos.
¿Pero qué canto es, inserto en un libro sagrado?
“deste gentil amor, que aquí se trata”
“Mi alma es muchas veces lo mismo, que mi afición, y deseo”
“que el deseo mío, y el amor entrañable que te tengo, que posee mi alma y la rige a su voluntad”
, nos dice Fray Luis del Cantar en su Exposición. Y tal vez está aquí todo el Cantar.
Y más todavía está aquí:
“… metióme el rey en sus retretes: regocijarnos hemos …
… la mi viña no me guardé …”
Peligrosamente sensual. Sexual.
Esto necesita una Exposición. Un Prólogo. Un argumento. Una discusión de traducciones. Borges nos resume todo esto: que al Cantar de Cantares, Fray Luis “lo define como égloga pastorial y le da un sentido alegórico. El esposo, proféticamente, sería Cristo; la esposa, La Iglesia. El amor terrenal sería un emblema del amor divino”. ¿Será así? Ya vimos, en pocos versos, que no. Pero prosigamos.
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Entonces, ¿será una alegoría?
Repitamos unos de esos versos:
“… metióme el rey en sus retretes: regocijarnos hemos …
… la mi viña no me guardé …”
Más bien puede (debe) ser leído en su sentido literal: ¿perderá así algo el texto?, ¿no lo pierde más bien su con su interpretación?
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Tal vez, solo se trate de una obligada artimaña: no pasaría la censura y el castigo: por publicarla en español, haciéndola accesible al vulgo; por hacerlo a pedido de “una persona instruida de antemano en el sentido espiritual, y así no cuidó entonces más que de traducir, y declarar, cómo él dice, la corteza de la letra así llanamente, como si en este libro no hubiera otro mayor secreto”; pero, hay que mirar al espíritu, por eso “al frente de cada capítulo se presenta su argumento particular según el sentido del espíritu”. Pero no es suficiente, por lo que queda rogarle al lector “separe su corazón de lo temporal y aspire a los eternos gozos del cielo”.
No es ruego suficiente.
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Insiste. “Es una égloga pastoril” sobre el amor entre el Rey Salomón y su esposa. Pero, justifica: “ninguna cosa es más propia a Dios que el amor”. Entonces, insiste, interpreta: “debajo de amorosos requiebres explica el Espíritu Santo la Encarnación de Cristo… con otros misterios de gran secreto”.
Aunque, sabe que la interpretación traiciona al texto. O lo encubre. O lo distorsiona. Y, a pesar de riesgos de censuras y castigos, sigue adelante.
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Ya de todo eso hay muchos escritos de santos y doctos. Así que solamente “trabajaré de declarar la corteza de la letra ansí llanamente como si en este libro no hubiese otro mayor secreto del que muestran las palabras desnudas dichas y respondidas entre Salomón y su Esposa”. Por eso, la Exposición, no se aparta de la letra, dejando atrás prólogos y resúmenes.
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Entonces se decide, con audacia, por este camino, en el que habrá vaivenes, pero no abandonará.
Es un libro audaz.
La audacia de la “persona determinada” que solicita la traducción
La audacia de Fray Luis de traducirla: con su ambigüedad o duda pasajera al darle una interpretación espiritual, pero su determinación de mantenerse fiel a la letra.
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Y no solo audacia. Imaginación también.
Dice el Cantar: “Robaste mi corazón, hermana mía Esposa, robaste mi corazón con uno de los tus ojos, con un sartal de tu cuello”.
Expone Fray Luis, aclarando: “Que es como si dixese”.
Entonces: “Que es como si dixese: Pues yo soy tuyo más que mío, no es justo que te desdeñes de mi compañía; y si el campo, y su recreación [ya vimos cuál en aquel retrete] con que te convido, no basta para que te quieras venir tras mí, sabe que yo no me puedo apartar de ti ni un solo punto, más que de mi misma alma: la qual tienes en tu poder, porque con los ojos me robaste el corazón, y con la menor cadena de las que adornas tu cuello me tienes preso”.
Vuela su imaginación impulsada por el texto. Lo sabe. Se detiene: “Sino queremos imaginar”.
Sabe de los peligros de la imaginación, entonces: “Sino queremos imaginar … es lo que experimentan cada día las almas aficionadas a Dios”.
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Es la interpretación y sus límites: cuando del texto se aleja.
Es la interpretación y su vuelo, cuando se calza las alas de la imaginación fiel al texto. Cuando se da un encuentro: co- escritura entre el Autor, el lector, el intérprete, el traductor.
Y es entonces, el deleite del amor, del deseo, de la carne, de los aromas y perfumes, de los celos, de la espera:
El Cantar canta:
“Tus dos pechos como dos cabritos mellizos, que están paciendo entre las azucenas”
La Exposición de Fray Luis celebra:
“No se puede decir cosa más bella, ni más a propósito, que comparar los pechos hermosos de la Esposa a dos cabritos mellizos”.
El Cantar canta:
“Venga el mi amado a su huerto, y coma la fruta de sus manzanas delicadas”
La Exposición de Fray Luis celebra:
“”porque le había hecho semejante a un huerto, ella agora por estas palabras, encubierta y honestamente ofrécele a sí misma, y convídale, a que goce de sus amores. Como si dixera más claro: Pues que vos me hecistes semejante a un jardín, ó amado Esposo, y dixistes, que yo era vuestro huerto; ansí lo confieso yo, y digo que soy vuestra, y que todo lo bueno que hay en mí, es para vos. Venid, Esposo mío, coged, y comeréis de los buenos frutos, que en este vuestro huerto tanto os ha contentado”.