
“… un cuadro en la recámara de mi madre – El duelo.
La nieve, las varas negras de los arbustos, dos personas negras que arrastran a una tercera – de las axilas – hacia un trineo – y otro, uno más, de espaldas, que se va. Al que llevan es Pushkin, el que se va – D’Anthès.
D’Anthès retó a duelo a Pushkin, es decir, lo sedujo para que fuera a la nieve y allí, entre los arbustos negros y desnudos, lo mató. Lo primero que supe de Pushkin fue – que lo habían matado. Después supe que Pushkin era poeta y D’Anthès – francés. D’Anthès odiaba a Pushkin porque él no podía escribir versos y entonces lo retó a duelo, es decir, lo atrajo hasta la nieve y allí lo mató con un disparo de pistola en el estómago …
Sí, en realidad, en ese duelo no hubo un tercero. Eran dos: cualquiera y el único. Es decir, los eternos personajes de la lírica de Pushkin: el poeta y la plebe. La plebe, en esta ocasión, con el uniforme de caballero de la guardia real – mató al poeta.
… herido de muerte, ensangrentado—, ¡y perdonó a su enemigo! Arrojó su pistola, extendió el brazo, devolviendo así, con toda claridad, a Pushkin al África de venganza y pasión de sus antepasados, sin sospechar siquiera qué lección para toda la vida —si no de venganza, sí de pasión— me daba a mí, una niña de cuatro años que apenas sabía leer.
Negra con blanco, sin una sola mancha de color, la recámara de mi madre; negra con blanco la ventana: la nieve y las ramas de aquellos arbustos; negro con blanco un cuadro – El duelo, en donde, sobre la blancura de la nieve, se lleva a cabo la eterna obra negra: el asesinato del poeta – por la plebe. Pushkin fue mi primer poeta, y a mi primer poeta – lo mataron.
Desde ese momento, sí, desde el momento en que ante mis ojos en el cuadro de Naúmov mataron a Pushkin, cada día, cada hora, ininterrumpidamente, mataron toda mi niñez, mi adolescencia, mi juventud. Fue entonces cuando dividí el mundo en el poeta – y los demás, y elegí – al poeta, tomé al poeta bajo mi protección: defender al poeta – de los demás, sin importar ni cómo se vistieran ni cómo se llamaran”.