Cabo de Hornos, de Francisco Coloane

A partir de

Cabo de Hornos, de Francisco Coloane

Incluso allá, en la Tierra del Fuego, donde “ culebrean canales misteriosos que van a perderse allá en el fin del mundo, en la Sepultura del Diablo … haciendo crujir sus grilletes en el fondo del mar, durante las noches tempestuosas y horrendas, cuando las aguas y las oscuras sombras parecen subir y bajar del cielo a esos abismos”, lo más pedestre, y vil, se hace presente: “¡Todo es cuestión de precio, en esta tierra y en todas partes!”.

Por eso cuando ante aquellos cazadores de lobos, dos oscuros canallas, se les presentó como una inesperada aparición el hombre fugado del penal pidiendo refugio y alimento, pasaron del hosco rechazo a la aceptación: les diría el modo de entrar a la impenetrable isla conocida como la Pajarera, donde parían las lobas de mar a sus crías, los popis, de alto valor en el mercado europeo.

Los llevó. Trabajó con ellos hasta alcanzar un estimable lote para la venta tras la cruel matanza de las crías a puros palazos en sus cabezas. Era ya tiempo de volver. Sólo bastó que se cruzara una mirada entre los dos canallas, tomaron su cúter y se fueron abandonándolo en esa inhóspita e inaccesible isla.

Y llegó ese momento que se presenta, allá en el fin del mundo o aquí, ayer, hoy o mañana, en el que “cuando hemos cargado nuestra barca con el equipaje, con las más bonitas ilusiones y sueños, y quedamos estupefactos en la playa del engaño, viéndola partir, en lontananza , llevándonos todo y dejándonos la fofa hilacha que no atina a nada…, entonces aflojamos; pero echamos un vistazo atrás, vemos que hay senderos de regreso, nos recobramos, y aunque vayamos curvados por nuestra pesada cruz, con el alma doblada, ya levantaremos el hombro y arrojaremos la cruz en alguna vera polvorienta, y volveremos a ser lo que fuimos. Pero cuando no hay caminos de regreso, el alma queda sobre un filo, oscilando en el límite, en constante caída”.

A veces, basta echar un vistazo atrás. Las más de las veces, deberemos tener que abrir ese camino que no hay. Y poder regresar.

Deja un comentario