
A partir de
El club de las pintoras, de Alyson Richman, Sofia Lundberg y M. J. Rose
¿Qué une al controlado curador de arte estadounidense Eben Elliot, ya entrado el siglo XXI, con la pintora sueca de inicios del siglo XX Hilma af Klint? ¿Apenas la preparación de última hora de una exposición sobre la obra de aquella en el museo Guggenheim? ¿Su amor por Blythe Larkin, especialista en la pintora con su ponencia, evocando a Linda Nochlin sobre ‘por qué no hay grandes mujeres artistas? ¿La confirmación, venciendo todas sus racionalistas resistencias, de las creencias espiritistas de Hilma al sorprenderse con la realización material -la arquitectura del Guggenheim- de las visiones representadas en sus cuadros Pinturas en el Templo?
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Y conoció algo impensado, o perdido en el tiempo, o aceptado por políticamente correcto, pero no reconocido, o validado, o algo solo proclamado:
Que sí puede haber creación colectiva. Allí estaban “Las cinco”, “De Fem”: Hilma, Anna, Cornelia, Matilde, Sigrid.
Que sí importa aquello que motoriza y que guía una obra: la visión mística, espiritista, de este Club de pintoras en este caso; no es mera técnica o innovación.
Que sí, hubo, y hay, una historia del arte patriarcal, que a Kandinsky lo precedió Hilma; que las mujeres debieron, deben aún, luchar por su lugar en el arte, en cualquier ámbito, en la historia.
Que sí incide, acaso de manera determinante el carácter de una persona en su obra. La fuente de la determinación de Hilma, lo que la hizo perseverar y no sucumbir a los mandatos, fue su descontento, su visión, su perseverancia, su decisión al afirmar: “soy artista. Puedo ser lo que quiera”, desafiándolo todo. Las convenciones predominantes en el arte de su tiempo, como decíamos, los mandatos de generó.
Que la amistad, Hilma y Anna por encima de todo, es decisiva para que esa determinación se sostenga, y alcance los logros que ella, y que cada cual, pueda.
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Que debemos cambiar la disruptiva pregunta de Linda Nochlin: “¿por qué no prestan atención a las grandes mujeres artistas?”.
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Descubrir que la pintura, todo el arte y la literatura, “te permitía dar sentido a todo el caos” del mundo.