
Píldoras de la crítica. Gabriela y sor Juana. Volodia Teitelboim
(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)
“Naturalmente México le hablará por sus poetas, empezando por una mujer ya entrevista, Sor Juana Inés de la Cruz. Así como Gabriela, nace entre cerros, la mexicana nace entre volcanes. Sin duda la chilena siente suyo el mensaje de un alma a pedazos gemela, a trozos muy distinta. Cuando describe su vida, subrayará sugestivamente la delicadeza de su nariz y su ‘sin sensualidad’. Flota una verdadera complacencia en la pintura del cuerpo y el rostro de su antigua colega. El óvalo del rostro es como la almendra desnuda; el cuello delgado le recuerda el largo jazmín, tiene los hombros finos y la mano prodigiosa. Así es su verso. Ella imagina que debió ser una alegría verla caminar. Como era alta, evoca el verso de Marquina: ‘La luz descansa largamente en ella’. Además, se reconoce en la mexicana porque estaba sedienta de conocer, pero ella fue lo que nunca Lucila fue en su infancia: una niña prodigio”.
Muchas cosas las acerca. “Otro hecho las hermana, tomando en cuenta la distancia de los tiempos: ambas fueron sobre todo poetas, pero resultaron también prosistas soberanas. Lo prueba en la mexicana la ‘Carta atenagórica’ y la ‘Respuesta a Sor Filotea de la Cruz’”.
“… esta religiosa desafiante se defiende con el arma racional. De esa conducta Gabriela extraerá lecciones, aunque, como escribe la mexicana, tenga en el alma una guerra civil encendida, en que morirán ambas contrarias, y, por tanto, no vencerá ninguna”.
Al entender de Gabriela, Sor Juana “se adelantó a su época, ‘con anticipación tan enorme que da estupor’”.