Animales difíciles, de Rosa Montero

A partir de

Animales difíciles, de Rosa Montero

“Este era un caso desesperante, impenetrable e incomprensible. Por no saber, el inspector ni siquiera sabía cuál era el delito que estaba persiguiendo. Lo único que tenía eran las desapariciones de adolescentes y las muchas muertes. ¿Por qué?, ¿para qué?”.

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Pero, a veces, un crimen es algo más que un crimen. Y el inspector Lizard y la tecnohumana Bruna Husky, ex tecnohumana de combate, actual rep de cálculo, ex amante de Lizard, su actual asistente de investigación, deben descubrir aquello. “Hay algo más aquí, un iceberg sumergido y helado, lo presiento, lo sé, estoy segura, aunque a nadie le importe la suerte de estos adolescentes desharrapados”.

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Está, siempre lo está, el poder. El superficial: el presidente de los Estados Unidos de la Tierra, Dong; la presidenta de la región española, Ortiz. Detrás, por encima de ellos, la muy poderosa empresa tecnológica Minerva, dueña de casi todo lo que tenga que ver con tecnología: desde la empresa de flops -los cerebros conectados a ordenadores cuánticos- Eternal, a la empresa de robots humanoides Robotine, pasando por la empresa de juegos 3D como ‘La Puerta Oscura’. Aterrador. Más aterrador el cómo detenta ese poder. Hablan aquellos presidentes de la libertad y el fin de las regulaciones para el desarrollo tecnológico. ¿Quién se beneficia? ¿El movimiento radical de los ciborgs dirigido por Equix, que representa una nueva forma de vida? ¿El movimiento todista que reclama que todos tengan acceso por igual a los avances tecnológicos? ¿Quién se beneficia?

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Asuntos menores, podría pensarse. ¿Menores frente a qué? Frente a la proliferación de “nuevas formas de vida”: los cons, los flops, los trads, los romigos. Y frente a experimentos: los trads, los tecnohumanos con sus fechas de caducidad: Bruna Husky estuvo a punto de caducar, la salvaron trasplantando su memoria -y, de paso, la de quienes hicieron el experimento- a otro cuerpo. Bruna lo sufre: “soy una rareza, un animal de laboratorio. Un animal difícil”; “un monstruo”. Nuevas formas de vida, que abre la pregunta, así no se formula aquí, sobre lo específicamente humano: “muchos humanos están nerviosísimos ante la idea de perder su jodida y preciosa humanidad”.

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Las muertes se aclararán. Lizard es experimentado, Bruna es inteligente. Los intereses en juego se develarán: aquella pretensión de poderlo todo es ilusoria o, al menos, temporal.

Pero no puede aclararse si, entre la fuerza creativa que dio una noble y sensible tecnohumana como Bruna, y la fuerza ciega y potencialmente destructiva del ilimitado desarrollo tecnológico, de una Súper Inteligencia Artificial, algo quedará de nosotros, pobres humanos, tristes equivalentes de las hormigas ante aquellas fuerzas que volvemos a crear.

Sí novísimas, pero está lo viejo que se oculta en lo nuevo: “No es la primera vez que el ser humano inventa un relato semejante. No es la primera vez que le tiene miedo a su propia creación”. ¿Será la Súper Inteligencia Artificial un nuevo Gólem?

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