ARTE Y LITERATURA. Tormenta de nieve, J. M. W. Turner. John Berger

“En unas cuantas ocasiones excepcionales a lo largo de su vida, Turner pudo expresar sus visiones a través de sucesos reales que él mismo había presenciado. En octubre de 1834 ardió el edificio del Parlamento británico … Unos años después a los sesenta y ocho años, encontrándose a bordo de un buque fue testigo de una tormenta de nieve, una experiencia que poco después quedaría reflejada en un cuadro. Cuando uno de sus cuadros estaba basado en un suceso real, Turner ponía de relieve el hecho, ya fuera en el título o en las notas del catálogo, de que la obra era el resultado de una experiencia de primera mano. Es como si quisiera demostrar que la vida confirmaba su visión, aunque fuera despiadadamente. El título completo de la Tormenta de nieve era: Tormenta de nieve: buque a la altura de la embocadura de un puerto haciendo señales en aguas poco profundas y siguiendo las instrucciones. El autor estuvo presente en esta tormenta acaecida la noche en que el Ariel zarpó del puerto de Harwich.

Cuando un amigo le dijo que a su madre le había gustado mucho el cuadro de la tormenta de nieve, Turner observó lo siguiente:

-No lo pinté para que nadie lo comprendiera, sino que quería mostrar cómo era aquella escena. Hice que los marineros me ataran al mástil para observarla; allí estuve durante cuatro horas, creyendo que de aquella no escaparía a la muerte, y me prometí pintarla si salía con vida. Pero no tiene por qué gustarle a nadie.

-Pero mi madre también estuvo presente en aquella escena, y el cuadro se la recordó vívidamente.

-¿Es pintora su madre?

-No.

-Entonces estaría pensando en cualquier otra cosa.

Al margen de que puedan ser o no amables, la cuestión que nos plantean estas palabras es saber qué es lo que las convertía en algo tan nuevo, tan diferente. Turner trascendió el principio del paisajismo tradicional, según el cual el paisaje es algo que se despliega ante uno …

Su fidelidad ante esta experiencia fue tal que llegó a destruir la tradición a la que se sentía orgulloso de pertenecer. Dejó de pintar totalidades: La Tormenta de nieve es el total de todo lo que puede ver e Intuir un hombre atado al mástil de aquella embarcación. No hay nada fuera de ello. Esto hace que sea absurda la idea de que le pueda gustar a nadie.

Quizá Turner no pensaba exactamente en estos términos. Pero siguió intuitivamente la lógica de la situación. Era un hombre solo, rodeado por unas fuerzas implacables e indiferentes. Ya no era posible creer que alguien pudiera llegar a ver desde el exterior lo mismo que él había visto, aun cuando tal cosa le hubiera servido de consuelo. Ya no se podía seguir tratando a las partes como si fueran un todo. Lo que había era todo o nada”.

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[Experiencia versus Totalidad: soberbia conclusión de un pintor; mal de una época en su despliegue].

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