Mi nombre es Emilia del Valle, de Isabel Allende

A partir de

Mi nombre es Emilia del Valle, de Isabel Allende

Fue Emilia del Valle, de niña, “introvertida, viciosa de la lectura, solitaria y sensible”.

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El azar, el increíble azar.

Vivió con su mamá, Molly Walsh, irlandesa viviendo en la California de la fiebre del oro, y el marido, Francisco Claro, de los Claro de Chihuahua. Pero hija biológica del irresponsable Andrés Gonzalo del Valle, de los poderosos del Valle de Chile, que dejó a Molly y nunca conoció ni reconoció a su hija, allá por el último tercio del siglo XIX. Nada decía entonces, que nada pudiera relacionarla con Chile.

Hasta que irrumpe la historia: En 1891, la guerra civil asola al país más austral del mundo, y el azaroso padre biológico y la azarosa historia, se unen. Y falta algo más para anudar esa unión.

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Mujeres valientes.

Fue Emilia del Valle Brandon J. Price, el relativamente exitoso autor de novelas baratas primero, y columnista del Daily Examiner, uno de los tantos diarios de William Randolph Hearst. Aquella época no aceptaba que una mujer, menos una joven mujer, escribiera, y si escribía, que firmara con su nombre. Venciendo todos los prejuicios, Emilia se hizo escritora.

La guerra civil de Chile, que hablara el español de Francisco Claro y del barrio pobre de California en el que creció, que fuera hija biológica de un chileno, fueron sus argumentos para reclamar la enviaran como cronista de aquella cruenta guerra civil y que firmara con su nombre.

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El rol del individuo en la historia.

Al azar se une la voluntad. Sus decisiones de convertirse en escritora, primero de novelas, después como periodista de un diario; su decisión de vencer los prejuicios de su época, le permitió a Emilia salir al encuentro del azar, y ponerse la historia en sus fuertes hombros.

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Fue Emilia del Valle “la persona imbatible que eres” como la reconoció su amor Eric Whelan. Reporteó desde el campo de batalla de la guerra civil, entrevistó al presidente de Chile, al general del ejército leal al Gobierno, a las mujeres que integraban el ejército, las cantineras; reporteó desde el hospital militar, desde la cárcel en la que estuvo detenida en medio de aquellos horrores, sufriendo simulacro de fusilamiento, enfrentó la altanera resistencia de los poderosos del Valle hasta que la venció y la reconocieron como de la familia.

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Fue Emilia del Valle mujer heroína, que no sólo de héroes, hombres, está hecha la vida. Ni los héroes ni las heroínas son solo los grandes nombres consagrados, son también los héroes y heroínas anónimos. Miles y miles. Solo requieren traigamos sus historias, sus nombres, que los pongamos en palabras, esa mágica varita de la que seguimos disponiendo.

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