ARTE Y LITERATURA. La Gioconda, Leonardo Da Vinci. Henry, Mona. Thomas Schlesser

Henry, el abuelo de Mona su nieta de diez años, con quien visitaba cada semana un cuadro, temeroso de que perdiera la vista y entonces queriendo que pudiera quedarse con la belleza que la humanidad había producido, visitan esta vez en el Louvre La Gioconda de Leonardo. “Sabía que, frente a ese cuadro tan célebre, reproducido en millones de ejemplares, la expectación era siempre enorme, y la decepción proporcional a ella. Pero, ¿por qué entonces, se preguntaba el visitante frustrado, es esta la obra de arte más conocida, la más apreciada y admirada? ¿Qué es lo que la hace inaccesible a mi sensibilidad? …

– Mira [le dice el abuelo a su nieta], todo este paisaje que te parece triste está en realidad en movimiento, animado por las energías de la vida, una especie de pulsación primordial. Aun así, tiene razón, es inquietante debido a la falta de orden. Es verdad que tenemos el puente a la derecha, pero no hay árboles, ni animales, ni seres humanos. El fondo, envuelto en una atmósfera ligeramente brumosa y dominado por el cielo gris azulado, es al mismo tiempo grandioso y desolador …

– Si, pero ¿por qué sonríe ella así? ¡Me parece tan raro!

– Su son risa es ínfima. A su espalda, el vasto paisaje se asemeja al universo en plena fase de formación, sometido al caos de las energías que lo atraviesan, un caos fascinante y angustioso. Pero ella sonríe con deliciosa precisión, sin arrogancia ni condescendencia. Es una sonrisa infinitamente serena, amable, que invita a hacer lo mismo…

– Entonces, ¡vamos a sonreírle nosotros!

– Veo que lo has entendido… Leonardo decía que la pintura actuaba como un espejo: la imagen de un hombre bostezando invita a bostezar; la imagen de un hombre agresivo vuelve agresivo. Y la imagen de una mujer sonriendo, esbozando esa sonrisa enternecedora, incita a sonreír también. Esa es la energía que su pintura busca comunicar: abrirse a la vida, sonreír a la vida, incluso frente a aquello que se discierne poco y mal, frente a lo que es aún oscuro e informe, frente a un mundo desierto y confuso, porque esa es la mejor manera de infundirle un orden feliz”.

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