
A partir de
La maestra de Sócrates, de Laura Mas
Una extranjera en Atenas.
Mujer y extranjera.
La gente, la culta gente de Atenas, la condenaba silenciosamente: “El hecho de que seas mujer y extranjera hace que la gente no lo acepte”.
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[Tal como vuelve a ser hoy, con la nueva y peligrosa arremetida anti- feminista].
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Diotima, sacerdotisa de Apolo, que llevaba a Sócrates al monte, para que “aprendiera lo que no enseña la filosofía”, la establecida, digamos, por así decir. Sobre Eros, sobre el amor.
Y no solamente: emplea el mismo método: lo espolea, y, más allá de lo que sostiene, debatible (como todo), va al corazón del método, su contenido y su forma: “- Qué sabes sobre Eros? … – Te diré que Eros es un dios bondadoso y bello. – Te equivocas, Sócrates. Eros no es ni bueno ni bello. – ¿Cómo dices? Entonces, ¿posee fealdad y maldad? … – En absoluto. ¿Crees que, si una cosa no es bella, forzosamente es fea? – Así lo creo … – ¿Y si no es sabia es ignorante? – Sí – Entonces, cuando no amas a alguien también a la fuerza has de odiarlo … Tu manera de debatir tiene una carencia, Sócrates. ¿No te das cuenta de que existe algo intermedio entre los opuestos? Hay cosas que no obedecen a la dualidad, que no son un sí ni un no. Y el amor es una de ellas. De ahí viene su misterio”.
Sócrates era ya Sócrates, además del reconocido maestro, combatiente en las guerras de Atenas.
Y aún así, le reconoce que “se había erigido en su maestra”. Lo mismo Pericles, que también la consultaba y le reconocía haber salvado a Atenas de la peste.
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Estaba acompañada en su solitario magisterio. Aspasia, hetaira que compró su libertad y se hizo mujer de Pericles, dispuso parte de su fortuna para crear una escuela para “enseñar a las mujeres a pensar por sí mismas”, y en la que se reunían filósofos y políticos. Las dos conversaban sus penurias y sus orgullos de mujeres.
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Es que, a pesar del halagador reconocimiento del propio Sócrates, una pitonisa le había augurado lo que fue finalmente: “Un hombre cambiará tu futuro para siempre, pero debes ser cauta … Ese hombre va a hacerte inmortal, pero será él quien fecundará todo el conocimiento que le transmitas y hallará la gloria sin ti”. Y Aspasia, antes de decidir Diotima dejar Atenas para volver a su patria, Mantinea, le pide permanezca con ellos, que complete la formación de Sócrates, ya que, así, ¡puede que tu legado trascienda a través de su boca!”.
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[Tal como volvió a ser posteriormente, triste e injustamente].