
A partir de
El hombre que quiso ser rey, de Rudyard Kipling
En los “remotos rincones del Imperio”, andaba viajando en tren obligado a “viajar no ya en segunda clase, que sólo cuesta la mitad que la primera, sino en intermedia, que es realmente espantosa” y los viajeros son de la “población intermedia”, aventureros muchos de ellos, igualmente espantosos.
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En los “remotos rincones del Imperio”, en el periódico donde trabajaba en las colonias británicas de la India, “la campanilla del teléfono no deja de sonar, enloquecida, y en el Continente asesinan a un rey, y el Imperio dice: «Ahora reinarás tú», y el señor Gladstone echa azufre sobre los Dominios Británicos”.
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Aquellos aventureros que conoció en el tren, con su falta de escrúpulos y sus ambiciones sin medida. “Ahora, señor, déjeme presentarle al hermano Peachey Carnehan, ése es él, y al hermano Daniel Dravot, ése soy yo, y -cuanto menos digamos sobre nuestra profesión mejor, porque hemos hecho de casi todo en nuestros tiempos. Soldados, marineros, cajistas, fotógrafos, correctores de pruebas, predicadores callejeros y corresponsales del Backwoodsman cuando creímos que el periódico los necesitaba … Hemos estado por toda la India, casi siempre a pie. Hemos sido caldereros, maquinistas, subcontratistas y todo eso, y hemos decidido que la India no es lo bastante grande para gente como nosotros … El país no está ni medio explotado porque los que gobiernan no te dejan tocarlo. Pierden todo su bendito tiempo gobernándolo, y no puedes levantar una pala, ni picar una roca, ni buscar aceite, ni nada por el estilo, sin que todo el gobierno diga: «Déjalo estar, y déjanos gobernar». Así pues, tal y como son las cosas, lo dejaremos estar, y nos iremos a algún otro sitio donde los hombres no estén apiñados y puedan entrar en posesión de lo suyo … Así pues, nos vamos de aquí para ser reyes”.
¿Adónde tamaña pretensión? Allí donde “hay guerras, y un hombre que sabe entrenar hombres siempre puede reinar en cualquier sitio donde haya guerras. Iremos a esas tierras y le diremos al primer rey que encontremos: «¿Quieres derrotar a tus enemigos?». Y le enseñaremos a entrenar hombres; porque de eso sabemos más que de ninguna otra cosa. Después subvertiremos a ese rey, nos apoderaremos de su trono y haremos una dinastía”.
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De este bajo fondo, nacen los reyes -y los virreyes- cuando los Imperios señorean Colonias.
Ayer y hoy.