De otras ruinas circulares. Píldoras de la crítica. Yeats, poeta de la descolonización. Edward Said

Píldoras de la crítica. Yeats, poeta de la descolonización. Edward Said

(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)

“William Butler Yeats ha sido casi por completo asimilado al canon y también a los discursos acerca de la literatura inglesa y moderna del fin de siglo. En ambos se lo reconoce como un gran poeta moderno irlandés, profundamente afín y en activa relación con sus tradiciones nativas, el contexto histórico y político de su período y su compleja situación de poeta de la Irlanda turbulenta y nacionalista que escribe en inglés. Además de su visible, y hasta diría que asentada, presencia en Irlanda, en la cultura y la literatura británicas y en el modernismo europeo, Yeats presenta de hecho otro rasgo fascinante: el de ser un indiscutible poeta nacional que, durante un período de resistencia antiimperialista, articulaba las experiencias, las aspiraciones y la visión restauradora de un pueblo que sufría bajo la ocupación de una potencia extranjera. Desde esta perspectiva, Yeats es un poeta perteneciente a una tradición no habitualmente considerada como suya: la de un mundo colonial gobernado por el imperialismo europeo durante una etapa de insurrección aguda”.

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“Pero, constitutivamente, el imperialismo europeo moderno era diferente, de manera radical, de otros tipos anteriores de dominación de ultramar. La escala y el alcance eran sólo una parte de lo que lo hacía diferente; ciertamente ni Bizancio, ni Roma, Atenas o Bagdad, ni España o Portugal durante los siglos XV y XVI llegaron a controlar nada similar en dimensiones a los territorios bajo el poder de Inglaterra y Francia en el siglo XIX. La primera diferencia atañe a la sustancial duración de la disparidad de poder, y la segunda a su masiva organización, que afectaba los más mínimos detalles y no únicamente las grandes líneas de la vida social. A principios del siglo XIX, Europa había empezado la transformación industrial de su economía, con Gran Bretaña a la cabeza. Las estructuras feudales y tradicionales de la posesión de la tierra estaban cambiando; se habían fijado nuevos esquemas mercantilistas para el comercio internacional, el poder naval y los asentamientos coloniales; la revolución burguesa alcanzaba su estadio triunfal. Todos estos desarrollos dieron a Europa una ascendencia marcada sobre sus posesiones ultramarinas, un perfil de impresionante y, en ocasiones, amedrentadora fuerza. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, Europa y Esta dos Unidos sostenían, en la mayor parte de la superficie del planeta, diversas formas de sometimiento colonial … Lo que yo sostengo en este libro es que la cultura jugó aquí un papel importante y hasta indispensable. Durante muchas décadas de expansión Imperial, en el corazón de la cultura europea latía un inocultable e inexorable eurocentrismo. Éste acumulaba experiencias, territorios, pueblos, historias; los estudiaba, clasificaba, verificaba … pero sobre todo los subordinaba borrando sus identidades … Se debe considerar este proceso cultural como contrapunto vi tal, informador y reforzador de la maquinaria económica y política que se encontraba en el centro material del imperialismo … El eurocentrismo penetró la médula misma del movimiento obrero, de las mujeres y de la vanguardia artística: nadie significativo quedó fuera de su alcance”.

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“Mientras el imperialismo crecía en alcance y profundidad, también en las colonias aumentaba la resistencia. Así como en Europa la acumulación global, que reunía los dominios coloniales dentro de la economía mundial de mercado, se sostenía y alimentaba en una cultura que concedía licencia ideológica al imperialismo, así en el imperium de ultramar la masiva resistencia política, económica y militar estaba apoyada e informada por una cultura de la resistencia provocadora y desafiante. Esto constituía algo más que una respuesta tardía y reactiva al imperialismo occidental: era una cultura con una larga tradición de integridad y poder por derecho propio. En Irlanda, señala Calder, la idea de exterminar a los celtas fue desde el principio considerada «parte de las tareas del ejército real, y, con aprobación real, un cometido patriótico, heroico y justo». Se hizo más fuerte la idea de la superioridad racial inglesa …

… los extraordinarios talentos de Swift, Goldsmith y Burke dieron a la resistencia irlandesa un discurso enteramente propio …

… Un ejemplo célebre y de inusual vigor acerca del descubrimiento de esta distancia [entre la educación de las potencias centrales y la de las colonias], se e cuentra en el momento en que Stephen Dedalus, el personaje de Joyce, se enfrenta con el director de estudios inglés: ‘El lenguaje en el que hablamos es suyo antes que mío. ¡Qué diferentes son las palabras casa, Cristo, cerveza, señor, en sus labios o en los míos! No puedo hablar o escribir estas palabras sin que mi espíritu se inquiete. Su lenguaje, tan familiar y tan extraño, siempre será para mí un habla adquirida. Yo no he hecho ni aceptado sus palabras. Mi voz las mantiene a raya. Mi alma se consume a la sombra de su lenguaje’ …

… Dentro del revival nacionalista, en Irlanda y en otras par tes, se pueden distinguir dos momentos políticos distintos, cada uno dentro de su propia cultura imaginaria, y el segundo impensable sin la existencia del primero. El primer momento es el de la pronunciada percepción de la cultura europea y occidental como imperialismo; supone la conciencia reflexiva que permite a los ciudadanos de África, el Caribe, Irlanda, Latinoamérica y Asia afirmar que llega a su fin la existencia de Europa como guía cultural o educativa para los no europeos o no pertenecientes a los territorios metropolitanos … El segundo momento es más abiertamente liberacionista y se dio durante la prolongada misión imperial de Occidente posterior a la Segunda Guerra Mundial … Si existe algo que distingue radicalmente la imaginación antiimperialista, es la primacía que tiene en ella el elemento geográfico. Después de todo, el imperialismo es un acto de violencia geográfica por medio del cual, virtualmente, cualquier espacio del globo es explorado, cartografiado y finalmente sometido a control. Para el nativo, la historia de la servidumbre colonial comienza con la pérdida del lugar en favor del extraño: más adelante se buscará e intentará restaurar la identidad geográfica perdida …

El impulso es cartográfico, y entre sus más llamativos ejemplos se encuentran algunos de los primeros poemas de Yeats reunidos en «The Rose», los poemas de Neruda describiendo el paisaje chileno, Césaire sobre las Antillas, Faiz sobre Pakistán y Darwish sobre Palestina: Devuélveme el color del rostro y el calor del cuerpo … Y junto a tal imaginería nacionalista de identidad des colonizada, aparece siempre la recuperación, casi por arte de alquimia o de magia, del lenguaje nativo …

En este punto Yeats es especialmente interesante. Como algunos escritores caribeños o africanos, expresa la difícil situación de quien comparte una lengua con el amo colonial. Con el agravante de que, desde luego, él pertenece, en muchos aspectos, a la Ascendencia Protestante, cuyas lealtades respecto Irlanda eran, por decirlo de modo suave, al menos confusas. Y, en su caso, notablemente contradictorias. Existe una progresión lógica muy clara en el paso del gaelicismo temprano de Yeats, con sus temas y preocupaciones célticas, a sus sistematizaciones mitológicas posteriores, según se despliegan en poemas programáticos como «Ego Dominus Tuus» y en el tratado Una visión. Para Yeats, la superposición entre su nacionalismo irlandés y la herencia cultural inglesa, a la vez que lo dominaban y fortalecían debía de ser causa de gran tensión. Se puede incluso especular que fue la presión de esta urgencia política y secular la que lo obligó a resolverla en un plano más «elevado», lo cual equivale a decir no político. Los relatos profundamente excéntricos y estetizados de Una visión y los poemas tardíos, casi religiosos, elevan esa tensión a un plano extramundano, como si Irlanda fuese captada de modo más agudo elevándola por encima de lo terrenal …

Aunque “abandonar el mundo de la Historia a la metafísica de las esencias -la negritud, lo irlandés, el islam o el catolicismo- es dejar la Historia al arbitrio de esencializaciones que pueden enfrentar a los hombres entre sí. Muchas veces, este abandono del mundo secular ha llevado a una suerte de milenarismo, si el movimiento tiene una base de masas, o ha degenerado en locura privada en pequeña escala, o caído en una irreflexiva aceptación de estereotipos, mitos, animosidades y tradiciones alentadas por el imperialismo …

Aunque hacia el final de su vida, en 1939, Yeats llegó a presenciar el origen de un estado irlandés independiente, él se identificó parcialmente sólo con este segundo momento del proceso, como lo demuestra su sostenido sentimiento antibritánico, y la ira y la euforia de su inquietante y anárquica producción poética final. En esta segunda fase la nueva alternativa no es la independencia nacionalista sino la liberación, cuya misma naturaleza implica, en palabras de Fanon, la transformación de la conciencia social más allá de la conciencia nacional …

Con facilidad se puede situar y analizar críticamente esas actitudes inaceptables de Yeats sin cambiar de opinión acerca de su papel como poeta de la descolonización. Este modo de superar el nativismo encuentra su representación en el gran giro que preconiza Aimé Césaire en el clímax de su poema «Cahier d’un retour». Tras redescubrir y volver a experimentar su pasado, sintiendo otra vez las pasiones, los horrores y las circunstancias de su historia como negro, el poeta advierte que acepta: J’accepte… j ’accepte… entièrement, sans réserv’e ma race qu’aucune ablution d’hysope et des lys mêlés ne pourrait purifier ma race rongée de macule ma race raisin mur pour pieds ivres (Acepto… acepto… por entero, sin reservas / mi raza, que ninguna ablución de hisopo mezclado con lis podría purificar / mi raza moteada de machas / mi raza racimo maduro para pies borrachos) Y después de haber aceptado, súbitamente lo asalta la fuerza de la vida «como un toro» y empieza a comprender que: il n’est point vrai que l’œuvre de l’homme est finie que nous n’avons rien a faire au monde que nous parasitons le monde qu’il suffit que nous nous mettions au pas du monde mais l’œuvre de l’homme vient seulment de commencer et il reste à l’homme à conquérir toute interdiction immobilisée aux coins de sa ferveur et aucune race ne possède le monopole de la beauté, de l’intelligence, de la force et il n’y a place pour tous au rendez-vous de la conquête et nous savons maintenant que le soleil tourne autour de notre terre éclairant la parcelle qu’a fixé notre volonté seule et que toute étoile chute de ciel en terre à notre commandement sans limite (porque no es verdad que la obra del hombre esté acabada/ que no tengamos nada que hacer en el mundo / que seamos parásitos/que sea suficiente con seguir los pasos del mundo/sino que la obra del hombre está empezando/y el hombre debe toda vía vencer toda prohibición / que lo inmoviliza en lo más pro fundo de su fervor y que ninguna raza/posee el monopolio de la belleza, de la inteligencia, de la fuerza // y que hay sitio para todos en la celebración de la conquista/y que ahora sabemos que el sol gira / alrededor de nuestra tierra iluminando la parcela que ha fijado / sólo nuestra voluntad y que cada estrella que cae del cielo / lo hace por nuestra orden omnipotente) …

No es mi intención usar a Césaire contra Yeats (o contra el Yeats de Seamus Deane), sino, de manera más general, asociar una tendencia mayor dentro de la poesía de Yeats con la poesía de la descolonización y la resistencia por un lado, y con las alternativas históricas al impasse nativista por otro. De muchos y variados modos Yeats se asemeja a otros poetas resistentes al imperialismo: en su insistencia por una nueva narrativa de la historia de su pueblo, en su ira ante los modelos ingleses para la partición de Irlanda (y su entusiasmo por la unidad), en la celebración y conmemoración de la violencia que facilitaría la llegada de un orden nuevo y en el sinuoso entrelazado de lealtad y traición ante el modelo nacionalista. Su asociación directa con Parnell y O’Leary, con el Abbey Theatre y con el alzamiento de Semana Santa confiere a su poesía esa característica cuya definición R. P. Blackmur tomó prestada de Jung: «la terrible ambigüedad de una experiencia inmediata». La obra de Yeats en los años veinte posee una inquietante semejanza con el compromiso y las ambigüedades de la poesía palestina de Darwish casi medio siglo más tarde: en sus violentas interpretaciones, en la impresionante celeridad y sorpresa de los acontecimientos históricos, en la oposición de poesía y política de una parte y violencia y armas de la otra (véase su maravilloso poema «The Rose and The Dictionary»), y en la búsqueda de reposo tras cruzar la última frontera y atravesar el último cielo. «Los centauros sagrados de las colinas se han desvanecido», dice Yeats, «nada me queda, sino el amargo sol.» Al leer los grandes poemas posteriores al alzamiento de 1916, como «Mil novecientos diecinueve», «Pascua de 1916» o «Septiembre de 1913», se experimentan no únicamente las desilusiones de esa vida regida por la «grasienta caja registradora», la violencia de caminos y caballos y de «comadrejas que luchan en una madriguera» o los rituales de eso que se llamó poesía del Sacrificio Sangriento, sino también una belleza nueva y terrible que modifica el antiguo paisaje moral y político. Como todos los poetas de la descolonización, Yeats pugna por anunciar el perfil de una comunidad ideal o imaginada, cristalizada no únicamente por su sentido de sí misma sino también por la comprensión de quién es el enemigo …

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“Así como Neruda no ve ninguna dificultad en concebirse a sí mismo como poeta que se enfrenta tanto al colonialismo interno chileno como al imperialismo externo de toda Latinoamérica, podemos pensar en Yeats como un poeta irlandés que supera las aplicaciones locales y los estrictos significados irlandeses. Neruda aceptaba a Yeats como poeta nacional representante de la nación irlandesa en su guerra contra la tiranía y, según Neruda, Yeats aceptó la llamada indiscutiblemente antifascista, a pesar de sus, frecuentemente mencionadas, simpatías por el fascismo europeo …

Es llamativa la semejanza entre un poema justamente fa moso de Neruda («El pueblo»), que se encuentra en Plenos poderes (1962) y «El pescador» de Yeats. En los dos la figura central es un hombre anónimo, que en su fuerza y soledad constituye la expresión muda del pueblo, cualidad que inspira al poeta.

Yeats: It’s long since I began To call up to the eyes This wise and simple man. All day I’d look in the face What I had hoped ‘twould be To write for my own race And the reality. (Ha pasado mucho tiempo desde que empecé / a fijarme en los ojos / de este hombre sabio y sencillo / Buscaba en su rostro todo el día/Aquello que esperaba que fuese/a escribir para mi propia raza / y para la realidad) …

Neruda: Yo conocí a aquel hombre y cuando pude cuando ya tuve ojos en la cara, cuando ya tuve la voz en la boca lo busqué entre las tumbas y le dije apretándole un brazo que aún no era polvo: «Todos se irán, tú quedarás viviente. Tú encendiste la vida. Tú hiciste lo que es tuyo.» Por eso nadie se moleste cuando parece que estoy solo y no estoy solo, no estoy con nadie y hablo para todos: Alguien me está escuchando y no lo saben, pero aquellos que canto y que lo saben siguen naciendo y llenarán el mundo”.

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“En el entorno colonial irlandés, Yeats se ve más libre para plantear la cuestión una y otra vez, utilizando para ello su poesía, según Blackmur, como técnica de agitación. Y se crece en los grandes poemas de suma y visión como «Among School Children», «The Tower», «A Prayer for my Daughter», «Under Ben Bulben» y «The Circus Animáis’ Desertion». Se trata, desde luego, de poemas de genealogía y recapitulación: Yeats reconstruye su vida, poéticamente, como epítome de la vida nacional, contando y volviendo a contar su biografía, desde las primeras revueltas nacionalistas hasta llegar a ser un senador que camina por un aula y piensa en cómo Leda figura en el pasado de todos; o como padre amante que piensa en su hijo; o como artista anciano que intenta lograr una visión equilibrada; o, finalmente, como el artesano de larga experiencia que sobrevive de algún modo a la pérdida de sus dones. Estos poemas son el reverso del encapsulamiento de la realidad irlandesa en las fatalistas fórmulas, reductivas y calumniosas de los escritores ingleses que, de acuerdo con el informadísimo libro de Joseph Leerssen Mere Irish and Fior-Ghael, definen a los irlandeses a lo largo de ocho siglos, con calificativos ahistóricos como «comedores de patatas», «habitantes de los pantanos», «gente de las chozas». La poesía de Yeats se reúne con su pueblo en su historia, al suponer que el relato y la densidad de la experiencia personal son equivalentes a la experiencia de su pueblo: ya imperativamente, como un padre; o como «un sonriente hombre público de sesenta años»; o como hijo y esposo. Las referencias de las estrofas finales de «Among School Children» sugieren que en el poema Yeats recordaba a su audiencia que la historia y la nación no se pueden separar, del mismo modo que no se puede separar la danza de quien la baila …

… el genio y la furia destructora de Swift se convirtieron, en Yeats, en instrumentos para levantar la losa de los sufrimientos coloniales de Irlanda. Es verdad que se quedó corto en la imaginación de la liberación política, pero nos brindó, sin embargo, una obra de alcance internacional para la descolonización cultural”.

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