Vida de Leonardo, de Carlo Vecce

A partir de

Vida de Leonardo, de Carlo Vecce

Lo grandioso y lo pedestre.

Hace a una época.

Hace a las personas.

Hace a las grandes personas.

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La esclavitud entremezclada en la gloria renacentista. “Después de la gran crisis de la peste negra de 1348, para compensar la escasez de mano de obra se reintrodujo la esclavitud en Europa. Una historia poco conocida, y quizá reprimida en nuestra conciencia colectiva, porque está ligada al lado oscuro de la llamada ‘civilización occidental’, a partir del Renacimiento: la expansión colonial, el capitalismo, la explotación de los recursos naturales y del trabajo humano a escala global”.

De este flujo de esclavos, llegaría a Florencia la joven circasiana Caterina, la madre de Leonardo, hijo natural de una esclava y del notario ser Piero.

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La alianza renacentista entre el arte y poder. No solo mecenazgo, hoy estilizada acaso. Incluía la toma de partido, lo veleidoso de estas tomas de partido, la traición, el miedo que obligaba a cambiar de bando a quienes los bandos en realidad no importaban. En Italia, el combate entre las ciudades, Florencia, Venecia, Roma, Milan; entre el papado y los príncipes; entre los italianos y los franceses. Un momento traigamos: los Medici se resuelven a ir contra el avance de los Borgia. Leonardo había estado bajo la protección de cada uno de ellos. Ahora, bajo la de Valentino, Cesar Borgia.

Admiramos cada obra, cada pintura, dibujo, texto de Leonardo. Hoy, que podemos tomar distancia, destilar las cosas. La ideación de ciudades, plasmadas en sus dibujos, por ejemplo.

Leonardo, se adentraba en “un juego muy peligroso, una auténtica traición a Florencia. El caso es que el artista se adentra en territorio rebelde, sin duda con un salvoconducto de Valentino, y empiezan así una serie de reconocimientos que luego desembocarán en algunas de sus extraordinarias y modernísimas vistas cartográficas a vista de pájaro. La indicación precisa de las distancias entre las ciudades y las plazas fuertes y los posibles puntos de paso de las tropas revela su evidente propósito estratégico- militar, esencial para la clase de guerra relámpago que han inaugurado Borgia y sus condotieros, con rápidos movimientos de pequeños contingentes de tropas ligeras en territorios montañosos y colinosos”.

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Las estrategias personales para lograr posicionarse como artista. Ahora está bajo la protección de los Sforza. “Para presentar las visiones evocadas en la carta a Ludovico el Moro, no sólo hace falta el dibujo, por maravilloso que pueda llegar a ser. También se necesitan las palabras y la estrategia comunicativa de una narrativa elocuente. Leonardo es muy conciente de la absoluta necesidad de mejorar sus habilidades lingüísticas y comunicativas si quiere llegar a convencer a alguien en la corte, al entorno de secretarios y humanistas y al propio duque. Ni siquiera le basta con hablar en florentino, a pesar del prestigio cultural que este idioma ha adquirido a estas alturas en toda Italia. Debe aprender a hablar más o menos como la élite, debe fingir que sabe latín utilizando palabras rimbombantes que puedan parecer antiguas o inusitadas, o tal vez citando algunas frases hermosas de autores antiguos a los que nunca ha leído”.

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La búsqueda de ingresos, para vivir. Había dejado Florencia para ir al Milán de los Sforza, como parte de una comitiva, presentando sus aportes a la música. Escribe al duque. “¿De qué se trata la carta? Para obtener la atención del duque, tendrá que volver a cambiarse de vestimenta. Ya no se presentará con los ropajes donosos y algo afeminados del músico con jubón y medias largas rosas, ni tan siquiera con los del pintor, considerando los todavía modestos encargos que sus amigos logran conseguirle. Lo que al Moro le interesa de verdad es la guerra”. Y Leonardo le presentar sus invenciones, los “secretos míos”, en el campo de la ingeniería militar.

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El apoyo de amigos, en este caso, su padre, que, aunque nunca lo reconoció, siempre accionó sus muchos contactos para asegurarle encargos que le permitieran desplegar su genio artístico, y vivir de ello.

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Genio artístico que no se revela de un golpe. Hacia 1480, Leonardo experimenta una crisis. “Como artista tiene la percepción cada vez mayor de haber logrado ver cosas que otros no ven y de ser capaz de representarlas como a los demás les resultaría imposible; pero al mismo tiempo advierte como hombre toda la precariedad y marginalidad de su condición, la soledad, la incapacidad de crear esa obra maestra sublime que podría haberlo redimido, ante sus conciudadanos, ante su padre”.

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 No tardaría en revelarse.

Pero, ¿dónde residía?

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¿En estas experiencias pedestres, rudas, de la alianza ruda entre arte y poder, en las estrategias personales, en la preocupación por los ingresos ampliando el campo de acción de su genio, en los apoyos de los amigos?

Nada de todo esto es prescindible. Pero lo excede.

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¿Acaso en un método? “El hombre que conquista con la fuerza de su inteligencia la capacidad de volar … En realidad, es el estudio de las aves lo que inspira, por analogía, la idea de máquinas voladoras”.

¿Acaso un conjunto de principios? “La extensión universal de los intereses no es expresión de una mente sobrehumana, mágica, divina, capaz de entrar en sintonía con la naturaleza y arrebatarle sus secretos sin esfuerzo; muy al contrario, es la consecuencia necesaria de una elección ética, que no admite atajos ni jerarquías”; el ambiente ético de su tiempo.

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Y hay algo más. Volvamos a algo más pedestre; más invisible; acaso, más importante.

Sus dos linajes. El amor de su madre esclava, Caterina, circasiana que apenas hablaba el idioma de su nueva tierra, y se comunicaba con sus dibujos y artesanías. El amor por los libros, de la familia de notarios de su padre, aunque fueran asientos notariales al inicio, conduciéndolo a la escritura y la lectura.

“El misterio de su obra no se compone de enigmas insondables y oscuros sino de los simples e inmensos misterios de la vida: amar, nacer, dar a luz, sufrir y gozar, vivir y morir”.

En cómo se conjuga todo esto, en la vida de cada cual, en las decisiones, determinaciones, en lo que hacemos con lo han hecho de nosotros mismos, está que pueda florecer la flor del genio que cada cual pueda traer consigo.

(Alfaguara. Traducción de Carlos Gumpert)

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