
De otras ruinas circulares. A partir de
Conspiración en Londres, de Felipe Pigna
“¿Cómo llegué de la Universidad de Salamanca, de mi medalla de oro, de la dispensa papal para leer los libros prohibidos, de ser el doctor Belgrano, de los cómodos y sensuales salones europeos, de ser el honorable secretario del Consulado de la benemérita Buenos Aires a este general derrotado y desarrapado en medio de estos desiertos?”. Derrotado en Vilcapugio y Ayohuma.
***
Aquellas guerras de independencia, tenían, como todas, sus héroes, Belgrano, San Martin, y sus intrigantes y traidores, Posadas, Alvear, el Directorio en Buenos Aires que había desoído las solicitudes del frente de batalla y enviado a misiones imposibles.
Tenía, también, sus propósitos, sus divergentes propósitos.
San Martín, contra los de Buenos Aires, le dice a Belgrano: “–Estos mierdas de los maturrangos y los chanchullos de los gobernantes no nos dan tiempo para pensar qué país queremos, qué vamos a hacer con esta hermosa tierra cuando seamos libres. Pero usted lo expresa muy bien en los artículos que me dio a leer nuestro amigo Monteagudo apenas desembarqué en Buenos Aires. Sus propuestas sobre la educación pública, obligatoria y gratuita, el fomento de la industria y el impulso de nuestra economía, me han parecido brillantes y necesarias. Desde esas lecturas lo vengo admirando como si lo conociera de toda la vida”. Es que, los del Directorio, comercian “con los españoles y esta guerra les complica sus negocios”. San Martin tiene un plan: avanzar por Chile, y acá, en territorio de la Confederación Argentina, desatar una guerra de guerrillas con Martín de Güemes.
***
En tiempos así, cada día vale por años, la suerte y los frentes de batalla se desplazan abruptamente.
Poco después fue detenido.
Y Fernando VII volvió al trono de España, y “ya declaró nula y sin efecto la Constitución liberal de Cádiz, como si no hubiese existido jamás, y reimplantó la Inquisición. Nos enteramos de que está listo para comenzar a recuperar las colonias y se dice que está preparando una gigantesca fuerza invasora para recuperar estas tierras”. Además, “el tirano retomó el trono al grito de ‘Vivan las cadenas’ tiene más sed de sangre que nunca”.
Y esto, para el Director Supremo, Posadas, todo lo cambia: exonerarán de los falsos cargos que le levantaron porque, además, “los ingleses firmaron un pacto con España por lo que ya no pueden vendernos armas, y tenemos que negociar… por lo que vengo a ofrecerle es una tarea complicada … necesitamos que vaya a Europa para negociar. –¿Con quién? –Con España, con los ingleses o con quien sea. En el Directorio acordamos enviarlo en viaje diplomático para sondear el ánimo de las monarquías europeas frente a una posible declaración de la Independencia. Necesitamos conseguir apoyos, armas… El campo de batalla ha cambiado, General”.
Belgrano decide aceptar la misión. Después, el Director Supremo le da las directrices: “el propósito de la comitiva es felicitar al rey por su vuelta al trono y entablar negociaciones, lo que no implica disminuir los derechos y libertades de las colonias, sino utilizar los recursos diplomáticos para demostrar los deseos pacíficos y de conciliación de las Provincias Unidas. Luego le da los argumentos que deberán esgrimir ante Fernando para frenar una ofensiva o, en el peor de los casos, ganar tiempo para poder prepararse”. Además, su acompañante será Bernardino Rivadavia, con quien está enemistado desde hace años: “no tenía intenciones de romper relaciones con España o Gran Bretaña, países que en ese momento eran aliados contra Napoleón. En el caso particular de Rivadavia, el interés por mantener la obediencia colonial era puramente económico: no quería poner en peligro los negocios que él y su hermano Santiago tenían con los ingleses y que hacía rato les llenaban los bolsillos”, y a quien el Directorio le da el poder supremo en la misión europea que les encomendaron. Barrunta que sólo querían alejarlo de Buenos Aires, como a San Martín, que lo mandaron de Gobernador del Cuyo.
***
Y así, cumplir el propósito secreto de la misión, encomendado a Rivadavia: Primero, en Londres, negociar con los británicos “si hay posibilidades de que manden a un príncipe de la Casa Real o de otra de sus aliadas para que se corone en las Provincias Unidas bajo la Constitución que estas fijen o bajo otras formas liberales, haciéndose cargo de los conflictos con España o las demás potencias europeas”. De no resultar, seguir a España a encontrarse con Fernando VII y “negociar algún tipo de limitación al absolutismo monárquico. Puede sugerirle, por ejemplo, que nombre a un príncipe de la Casa Real para que gobierne las provincias bajo las formas constitucionales que estas establezcan … o si se niega, proponerle como última alternativa que las Provincias Unidas mantengan el vínculo y la dependencia de la Corona de España, pero que la administración quede en manos de los americanos, sin perjuicio de sus prerrogativas reales para nombrar a los funcionarios públicos y establecer impuestos”.
***
¿Pero pueden propósitos y pequeños poderes, contra los vaivenes huracanados de la historia en imprevisible y tumultuoso cambio?
Mientras van a Europa, de Europa se dirige una flota armada de Fernando VII para asegurar los intereses de la Corona y reducir a los rebeldes independentistas; acosados además en la frontera norte por las tropas realistas; con los disensos en el Litoral con Artigas; con el pacto secreto entre España e Inglaterra para que los británicos no vendan armas a los rioplatenses; con el cambio de gobierno en las Provincias Unidad: renunció Posadas y es nuevo Director Supremo Carlos María de Alvear, que concluye que la misión original encomendada a Belgrano y Rivadavia es imposible con la flota enviada por Fernando VII: deben solicitar convertirse en Protectorado de Gran Bretaña; con la vuelta de Napoleón al trono como Emperador y el Congreso de Viena que será la Santa Alianza, dispuesto a derrotarlo de manera definitiva junto con toda idea republicana en Europa y en toda América; con, por este último cambio, una nueva intriga para una nueva sumisión: Sarratea destinado a Londres hacía un tiempo por Posadas, propone otra estrategia: dividir la Casa Real de España recurriendo a Carlos IV, el padre de Fernando VII refugiado en Italia tras ser destituido por su propio hijo y “proponerle la coronación de su tercer hijo, el infante Francisco de Paula, como rey de un territorio conformado por el Virreinato del Río de la Plata, la Capitanía General de Chile y una parte del Virreinato del Perú … crear una monarquía constitucional como la de este país, Gran Bretaña. Crear el Reino Unido del Río de la Plata, para gobernar y vivir bajo nuestras leyes, tener una Constitución propia, y decidir nuestro destino. Es nuestra única posibilidad para que las potencias europeas reconozcan nuestra independencia”. Fracasa también. Belgrano volverá al Río de la Plata, con nuevas guerras civiles, concluye en una nueva variante, “una monarquía constitucional similar a la inglesa, con un descendiente de la dinastía de los incas ocupando el trono”.
Apenas, elegir entre distintos amos. Es que hay un trasfondo inconfesable: “cualquier gobierno es mejor que la anarquía, y hasta el más opresor ofrecerá más esperanzas de prosperidad que la voluntad incontrolada del populacho”.
***
Mantener [reponer, ahora] el status de Colonia.
Que siempre requiere -así lo muestra la historia- más que el poder del rey, la traición y la intriga.
Así ha sido. Así lo es.