ARTE Y LITERATURA. Capilla Sixtina, Miguel Ángel. Emil Ludwig

“Cuando Miguel Ángel se halló sobre el andamio que, en todos los sentidos, habíase exigido a sí mismo, creó por segunda vez el mundo. Lo creó en cinco cuadros, como Dios lo hiciera antes en seis días, desde las tinieblas sobre las aguas hasta la creación de Eva. Surgieron del cerebro de aquel hombre solitario aquellas imágenes de Dios y de sus ángeles en formas de expresiones y actitudes tan convincentes, que la humanidad aprendió a creer en ellas como en las Escrituras, y hasta los más escépticos inclinaron la cabeza ante aquella visión. Desde hace cuatro siglos nadie ha podido suplantar por otro nuevo aquel cuadro maravilloso de la Creación”.

Treinta años después de pintar el techo de la Capilla Sixtina, le encargan pintar el gran mural del altar. Allí, “como Dante, enjuicia a la humanidad. Entre procesiones, en grupos y abrazados, suben los justos y caen los pecadores en toda la gran amplitud del cuadro prodigioso, salvados o condenados por un dios desnudo que poco de común tiene con el Salvador. El pincel del maestro se derrocha en aquel torrente de hombres desnudos, ahora como antes. Pero nunca como ahora fue tan intensamente fisonomista, jamás pintó tantas cabezas y manos con tal variedad de expresión como aquí, donde todo depende, en cuanto a miedo, esperanza, terror, expectación, de un solo ser. La eterna lucha entre luz y tinieblas, el encumbramiento, el hundimiento que vibra en todas sus figuras de piedra o pincel, todo ello sale aquí por primera vez de la esfera de la metafísica para convertirse en la belleza de la forma trasladada al mundo de la humanidad doliente. En la concepción del cuadro, en los colores, que el humo de las velas ennegreció aún más; en el flujo y reflujo de este tempestuoso mar siempre murmurante, podemos leer la vasta historia de una vida hecha de desilusiones, una vida en que las sombras oscurecieron la luz. El mundo grave y austero que más allá, en el techo, se desarrolla gradualmente, parece alegre y risueño contemplándolo la mirada después de haberse saturado del cuadro doloroso”.

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