
“En clase vimos la obra Angelus Novus, de Paul Klee. El cuadro muestra un ángel con las alas extendidas, los ojos desencajados y la boca abierta, que clava la mirada en el pasado mientras se aleja hacia el futuro. Walter Benjamin se lo compró a Klee y lo llevó con él hasta su muerte. La profesora dijo que para Benjamin el ángel representa la historia misma: es el salto hacia el futuro junto con la incapacidad de despegarse del pasado. También dijo que no se sabe si el ángel es hombre o mujer, tiene una especie de pollerita y a la vez un triángulo similar a un falo. Es un lindo pajarito, opinó una alumna con la cámara apagada. ¿Miramos atrás porque necesitamos un punto de referencia, porque tenemos grandes raíces, porque es lo conocido? La profesora habló de un pueblo precolombino que situaba el pasado adelante, a la vista, y el futuro detrás, una incógnita. Supongo que el arte es la manifestación de la ambigüedad. Todo es una cosa y podría ser otra. Mi hijo, el abogado, me ayudó a cambiar el fondo de pantalla de mi computadora: antes tenía una obra de Kazimir Malévich. Ahora tengo una de Klee”.