ARTE Y LITERATURA. Cezanne, la discordia. Raine María Rilke

“Durante los últimos treinta años de su vida no hizo otra cosa que trabajar. Sin atisbo de alegría, según parece, con incesante furia, en desavenencia con cada una de sus obras, ninguna de las cuales le pareció que alcanzase lo que él tenía por el nivel mínimo indispensable. A dicho nivel lo llamaba la réalisation, que encontraba presente en los venecianos, a los que había contemplado en el Louvre una y otra vez, y cuyo mérito reconocía incondicionalmente. Lo concluyente, la realización de la cosa, la realidad que, a través de su propia experiencia del objeto, conseguía elevar hasta su indestructibilidad intrínseca; ese era, a su parecer, el propósito íntimo de su trabajo”.

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“En los paisajes y en las naturalezas muertas perseveraba concienzudamente frente al objeto, cuya plasmación solo acometía tras emprender los más complicados rodeos. Atacaba primero la tela con los tonos más oscuros, cubriendo después su profundidad con una capa de color que llevaba un poco más allá de sus límites, siempre más lejos, un color expandiéndose sobre el otro, llegando así, gradualmente, a otro elemento del cuadro que ofreciese un contraste, con el que, partiendo de este nuevo centro, procedía de idéntico modo. Pienso que ambos procedimientos, la recepción contemplativa y segura del motivo y la interiorización y uso personal del mismo, disputaban entre sí, quizás a raíz de hacerse conscientes el uno del otro; como si, por así decirlo, ambos hablasen a la vez, quitándose sin parar la palabra mutuamente, contendiendo entre ellos sin cesar …

Y extiende las manzanas sobre una colcha que ciertamente algún día Madame Brémond echará de menos, y coloca entre ellas su botella de vino y cualquier otra cosa que encuentre. Y, como Van Gogh, con tales cosas compone sus «santos»; cosas a las que obliga, a las que obliga a ser bellas, a significar el mundo entero, toda felicidad y toda magnificencia, sin saber si ha logrado que aquellas hagan eso por él”.

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“En las primeras obras, el color tenía entidad propia; en adelante lo utiliza de un modo personal, como nunca antes nadie lo había hecho, solo para configurar con él el objeto. El color se consagra por entero a esta realización; no hay lugar para otro empeño”.

“Realmente, quería decirte algo más sobre Cézanne: que antes de él no se había demostrado en qué medida la pintura procede de los colores, cómo hay que dejarlos solos para que se expliquen recíprocamente. El trato mutuo que se dispensan: en eso consiste la pintura”.

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