Los monederos falsos, de Andre Gide

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Los monederos falsos, de Andre Gide

Eduardo escribe su Diario, registrando la vida misma, para su nueva novela Los monederos falsos. ¿Qué se encuentra? Lo contrario de lo que aparece en la superficie, el choque entre lo que se quiere ser y lo que se llega a ser. “Todo el drama surge de la sombra”.

¿Qué sombras se encuentra? Su amor que lo desvela por Oliverio su joven y bello sobrino, el intento de suicidio de Oliverio como culminación del éxtasis; la profesión de fe del pastor Azaiz que encubre una familia alejada de la fe que profesan; el amor despechado de Bernardo por su padre al saber que no es su hijo y creyendo que no lo ama, la tristeza de su padre que con afecto lo dejó libre para terminar pareciendo desafecto; la falsa, interesada y manipuladora amistad del conde Roberto de Passavant; el impulso criminal del joven Jorge.

En este baile, “la vida es una comedia” con todos representando el papel asignado, “que la verdad es la apariencia, que el misterio es la forma y que lo más profundo que posee el hombre es su piel”. Entonces, en la rivalidad entre la apariencia y la realidad, guía la realidad, sombría, pero manda la apariencia.

Por eso, la conclusión del viejo La Perouse es fatal: “si se pudiera recordar la intransigencia de la juventud, lo que lo indignaría a uno más que nada sería lo que se ha llegado a ser”.

Es que, “no ha notado usted que en este mundo Dios se calla siempre? Sólo habla el diablo”.

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