Autobiografía 1899- 1970, de Jorge Luis Borges con Norman Thomas di Giovanni

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Autobiografía 1899- 1970, de Jorge Luis Borges con Norman Thomas di Giovanni

Una insatisfacción; una traba; un desencuentro y una bifurcación. Sus trabajos modestos, “marcaban mi vida sombría y servil”. Su timidez le impedía siquiera leer un texto en público. Los mandatos auto-impuestos –“ser un hombre de acción”- lo avergonzaban, por irrealizables.

Pero encontraría otro modo de realización. En el Borges lector y autor, creado por el Borges sombrío, servil y avergonzado.

El Palermo en el que vivió de niño, aprendería a no ignorarlo al descubrir, como Evaristo Carriego, que era también un barrio en el que podía “explorar las posibilidades literarias que tenía allí al alcance de la mano”. Y de sus mayores, militares de batallas de la Independencia y próximos a próceres patrios, aprendió “mi nostalgia de ese destino épico”, que encontró en algunas de sus preferencias lectoras.

No preferencias compensatorias: otro modo de realización. “Como la mayoría de mis parientes habían sido soldados –hasta el hermano de mi padre fue oficial naval– y yo sabía que nunca lo sería, desde muy joven me avergonzó ser una persona destinada a los libros y no a la vida de acción”.

Vergüenza que no le impidió señalar dónde comienza su aventura, la construcción retrospectiva de sí mismo, autor y personaje. “Si tuviera que señalar el hecho capital de mi vida, diría la biblioteca de mi padre. En realidad, creo no haber salido nunca de esa biblioteca”.

Porque, ¿dónde está lo verdadero de uno? Todos los primeros libros que leyó, “los leí en inglés. Cuando más tarde leí Don Quijote en versión original, me pareció una mala traducción”.

Y, ¿cómo afrontas lo real? “durante un viaje a la estancia de unos parientes …  Descubrí que esa distancia desmesurada se llamaba ‘la pampa’; y cuando me enteré de que los peones eran gauchos, como los personajes de Eduardo Gutiérrez, adquirieron para mí cierto encanto. Siempre llegué a las cosas después de encontrarlas en los libros”.

Su primer libro, escrito en 1921, 1922, no es solo eso, sino una matriz. “Tengo la sensación de que todo lo que escribí después no ha hecho más que desarrollar los temas presentados en sus páginas; siento que durante toda mi vida he estado reescribiendo ese único libro”. Hubo luego otros que fue rechazando: “Para resumir este período de mi vida, me siento en total desacuerdo con el joven pedante y un tanto dogmático que fui”.

La alquimia. Ciencia fracasada en sus intenciones originales, pero felizmente desplazada a, al menos algunos, cultores de la palabra. “De chico le oí contar a Fanny Haslam muchas historias sobre la vida de frontera de aquellos tiempos. Una de ellas aparece en mi cuento Historia del guerrero y de la cautiva”. O también, a partir de su triste experiencia trabajando en la Biblioteca Municipal Miguel Cané: “Mi cuento kafkiano La biblioteca de Babel fue concebido como una versión pesadillesca o una exageración de aquella biblioteca municipal, y ciertos detalles del texto no tienen ningún significado especial”.

Aproximar lo distante: lo histórico con lo cotidiano. “… lo alcanzaron dos balas de Remington. Fue la primera vez que esa marca de rifle se usó en la Argentina, y me fascina pensar que la marca que me afeita todas las mañanas tiene el mismo nombre que la que mató a mi abuelo”.

Su juego, la ironía, que también se ve que heredó de su padre, que decía de sus antepasados: “¿Qué son, al fin y al cabo, los ingleses? Son unos chacareros alemanes”.

Lo esencial tal vez: haber construido la pareja, para muchos imposible, o una impostura o, más probablemente, algo incomprensible, entre las emociones y la literatura: “Cierta vez un colega de la Universidad me llamó aparte y me dijo preocupado: “¿Qué significa eso de publicar un poema titulado ‘Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona’?”. Traté de hacerle entender que el anglosajón es para mí una experiencia tan íntima como mirar una puesta de sol o enamorarse”.

Y así en esta pareja entre emociones y literatura se produce el singular encuentro de un autor con su personaje.

(El Ateneo. Traducción de Marcial Souto y Norman Thomas di Giovanni)

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