Paraíso, de Toni Morrison

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Paraíso, de Toni Morrison

“Ellos son nueve, casi el doble del número de mujeres que tienen que poner en fuga o matar”. Y entran a lo que llamaban el convento, en Ruby, Oklahoma, de las Hermanas de la Santa Cruz, “atentos a la maldad femenina que se esconde allí”.

Lo que veían como la maldad femenina: extraños dibujos en el suelo, trastos destinados a cocinar o alimentarse, desorden en las habitaciones. “Sin embargo, Anna lo examinó tan detenidamente como lo permitió su linterna y vio las terribles cosas que había contado K.D, pero en lugar de ver signos pornográficos o garabatos satánicos, vio la turbulencia de unas mujeres que intentaban domeñar, sin ser pisoteadas, los monstruos que las esclavizaban”.

Estaban los demonios de Mavis que una noche, “buscó una señal en la oscuridad intentando captar, oler su estado de ánimo por anticipado, pero era completamente inexpresvio” esa vez, Frank no la asfixió ni la penetró, solo se frotó contra ella “como si fuera una muñeca de trapo”, y al quedarse dormido, silenciosamente, se escapó de allí. Estaban también los de Consolata, Gigi, y las otras.

Pero el convento estaba en Ruby fundado por los hijos de los Padres Fundadores de Haven. Los dos pueblos de “los libertos que se pusieron en pie en 1889, cayeron de rodillas en 1934 y se arrastraron boca abajo en 1948”. Eran gente de color R8, “roca ocho, nombre que recibía un nivel muy, muy profundo en las minas de carbón. Personas de un color negro casi azulado”, que habían sufrido el Rechazo, primero a inicios del 1800 por los blancos, después a fines de ese siglo nuevamente pero por negros de piel más clara. Por eso hicieron su pueblo. Y su pacto: “las generaciones no solo tenían que ser inmaculadas desde un punto de vista racial, sino que debían estar libres de adulterio … En ese caso, todo lo que los inquieta tiene que proceder de las mujeres”.

Aunque lo que los inquieta son otras cosas. Ya entrada la década de 1970, asesinado Martin Luther King, los jóvenes se rebelan: “que estaban pasados de moda, que las cosas habían cambiado en todas partes menos en Ruby”. El reverendo Misner, venía de afuera, y pedía a su amada Patricia: “Ayúdame a entender este lugar. Sé que no soy de aquí, pero no soy un enemigo”, y ella le explicaba: “No, no lo eres. Son embargo, en este pueblo las dos cosas significan lo mismo”. El se exasperaba: “Vivimos en el mundo, Pat. En todo el mundo. Separarnos, aislarnos, ha sido siempre su arma. El aislamiento mata generaciones. No tiene futuro”.

Es que parecía tan perfecto. Después del Rechazo, allí, en Haven, y en Ruby pretendían mantener el pacto, “las familias lo compartían todo y garantizaban que todo el mundo tuviera lo suficiente”.

Pero llegó la madrugada de aquel ataque. “Cómo es posible que una misión tan limpia y bendita se devore a sí misma y se convierta en el mundo del que ha escapado”.

Pero… también, “qué exquisitamente humano era el deseo de la felicidad permanente, y qué débil la imaginación humana cuando intentaba conseguirla”.

Esa pregunta terrible: cómo es posible devorarse a sí mismo.

(Punto de lectura. Traducción: Carme Francí Ventosa)

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