Píldoras de la crítica. Dostoyevski, Bajtin: el dialogismo y el peso de la ideología. Pampa Olga Arán

Píldoras de la crítica. Dostoyevski, Bajtin: el dialogismo y el peso de la ideología. Pampa Olga Arán

(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)

[Recorre la autora la obra de Bajtin, aquí sobre el problema del autor, distinguiendo tres momentos en la reflexión del teórico ruso, en lo que sigue, el primer momento, la relación autor- personaje. Y que al final, produce un desplazamiento del autor al lector].

“Ya lo había desconcertado [a Bajtín] no encontrar en Dostoievski esos héroes que se autoconcluyen y esa «imagen única del autor» («Autor y personaje…») que concibe al comienzo de sus búsquedas como forma de acabamiento estético. Y ahora, al profundizar en la obra del gran novelista, sostiene que todo lo que era patrimonio de la mirada autoral se traslada a la conciencia del héroe, quien da su versión de sí mismo en todos los aspectos para mostrar, no lo que él significa en el mundo, sino lo que el mundo significa para él. El autor, entonces, no tiene nada que agregar a lo que el héroe dice de sí: «El autor solo puede contraponer a la conciencia del héroe que lo absorbe todo, un único mundo objetual, que es el de las otras conciencias equitativas». Se destruye, así, el mundo estable y firme creado por el autor y adviene esa «revolución copernicana» que marca el fin de la monología novelesca. Se crea un nuevo vínculo del héroe con el autor «que parece carecer de fuerzas y de la palabra conclusiva». Y ese nuevo vínculo es el «dialogismo», una relación horizontal y en presente con el héroe, como quien espera del otro la posible réplica, como en cualquier situación comunicativa cotidiana: «el autor, mediante la estructura de toda la novela, no habla acerca del héroe, sino con el héroe».

Aparecen aquí, con mucha fuerza, los términos «voz», «palabra» y «discurso», usados indistintamente. El héroe será una «voz pura» que entrará con diferentes procedimientos en el discurso del autor, no como un objeto mudo, sino manteniendo su independencia, convirtiéndose en «ideólogo», nunca idéntico a sí mismo e inacabado, en crisis, en el umbral y cuyas palabras son «ideologemas». Esto es porque el autor adopta una nueva posición frente al hombre, una dialéctica del respeto por la libertad y la no cosificación que era la marca, según Bajtín, de la condición humana en la sociedad capitalista. Y ello se expresa artísticamente en el «dialogismo», «que defiende la independencia, la libertad interior, el carácter inconcluso y falto de solución del héroe» y la polifonía como recurso artístico que pone en escena la heteroglosia social.

El procedimiento artístico del autor es interpretado como portador de una posición ideológica y no como un mero recurso formal, posición que consiste en dejar en libertad a la conciencia de los personajes para que establezcan relaciones profundas, tensas o contradictorias, mientras la conciencia autoral, que es conciencia de la totalidad, se manifiesta de modo oblicuo, indirecto, en la frontera semiótica. Conciencia autoral que es ideológica, entonces, porque todo signo lo es, como había afirmado Voloshinov, una forma de pronunciarse frente a los valores sociales en pugna en el presente desde el que la novela se escribe, una «arena de lucha», pero que reconoce, además, que el modo de visión y conocimiento del mundo que propone no es el único posible. Rescato, entonces, en este primer momento del recorrido diseñado, el cambio desde una posición estética abstracta y universalizante a otra con fuerte orientación histórica y social de la función autoral en la obra de arte verbal, manteniendo la extraposición necesaria para el acabado estético. Y, desde una postura autoritaria y controladora de sus personajes, a una posición equitativa y dialogal, que no tiene la última palabra porque ésta, quizás, sea la del lector”.

[Y después de revisar los tres momentos de Bajtin, concluye la autora:]

“Y voy cerrando. La hipótesis que he intentado esbozar en este desarrollo es que el sujeto autoral como potencial creador de enunciado, artístico o no, que Bajtín construye a lo largo de su obra es un sujeto históricamente moral, entendiendo por ello la acción singular del hombre real en todas sus manifestaciones y prácticas, que refieren a determinados valores y normas sociales, contextuales, históricos, nunca absolutos ni universales y que, en semiótica, llamamos modos de producción del sentido, sentido que se produce desde un sujeto situado y que Bajtín llama sujeto responsable”.

[La importancia de lo ideológico y lo moral, es lo que aquí traemos entonces].

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