
De otras ruinas circulares. A partir de
El diablo en la cruz, de Ngũgĩ wa Thiong’o
Allá, en Kenia. Allá, en aquellas décadas.
[¿Que quieren volver? Seamos advertidos.
Es que estaba allí el viejo de Nakuru, de Bahati, y “fui hasta a él y le supliqué: ‘Padre, cuéntame historias antiguas, relatos de ogros o animales’. Estaba en silencio. Me miró. Entonces se rio. Me dijo: ‘No hay diferencia entre las historias antiguas y modernas. Las historias son solo historias. Todas las historias son antiguas. Todas las historias son nuevas. Todas las historias pertenecen al mañana’”.
Porque, sepámoslo, “en gikuyu se suele decir: ‘No mires despectivamente una gota de lluvia’”].
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“El diablo que nos hace sucumbir a la ceguera del corazón y a la sordera de la mente debería ser crucificado, y deberíamos cuidar que sus acólitos no le bajaran de la cruz para que pudiera construir el infierno en la tierra…”
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Ruegan al Tañedor de Gicaandi, contador de cuentos, Profeta de la Justicia, que revele “lo que yace oculto en la oscuridad”.
Duda, al inicio.
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“He aceptado. La voz del pueblo es la voz de Dios. Esa es la razón por la que he aceptado”, después.
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“El diablo se apareció a Jacinta Wariinga … El infortunio y los problemas habían perseguido a Wariinga mucho antes de dejar Nairobi, donde trabajaba de secretaria, taquimecanógrafa, en las oficinas de la Champion Construction Company, en la calle Tom Mboya, cerca del edificio del Archivo Nacional”.
Wariinga se preguntaba por qué siempre le pasaban cosas así a ella. “Wariinga estaba convencida de que su apariencia era la raíz de todos sus problemas. Siempre que se miraba en el espejo pensaba que era muy fea. Lo que más odiaba era su negrura, de manera que desfiguraba su cuerpo con cremas blanqueadoras”.
Decidió dejar Nairobi y volver a casa de sus padres en Ilmorog.
En el viejo Ford T que la llevaba a su pueblo, conoció de esos por qué, con las conversaciones de sus pasajeros: Mwireri wa Mukiraai que terminó de obrero, Wangari la luchadora por la independencia, Mwaura el codicioso conductor, Muturi el hombre circunspecto, Gatuiria el universitario.
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¿Es etéreo ese diablo? ¿Es acaso un espíritu?
Es:
El jefe que la despidió de las oficinas de la Champion Construction Company por no acceder a sus solicitudes sexuales.
El novio, un joven que la acusa de ser amante de su jefe y la abandona.
El dueño de la casa que alquilaba por no acceder al aumento del alquiler, y con tres matones arrojó todas sus cosas a la calle dejándole una nota: “SOMOS LOS ÁNGELES DEL DIABLO – EMPRESARIOS PRIVADOS. Haz el más ligero esfuerzo para trasladar este asunto a la policía, y te mandaremos, con billete solo de ida, al reino de Dios o de Satán, un billete solo de ida al cielo o al infierno”.
El país entero asolado por el “colonialismo … para evitar la pobreza han asumido los consejos norteamericanos en lo referente a cómo llevar sus economías. Se les ha enseñado los principios del interés individual, y se les ha dicho que olviden las antiguas canciones que hablaban y glorificaban la idea del bien común. Se les ha enseñado nuevas canciones, nuevos himnos que celebran y glorifican el poder del dinero”.
El dinero. Mwaura mató a un hombre por cinco chelines, y solía decir a la gente: “El dinero que traen aquí los europeos es absolutamente diabólico. Cuando se piensa que es el dinero que causó la crucifixión del Hijo de María, a pesar de haber sido concebido como el Dios de los judíos, ¿qué más se puede decir? ¡Por mi parte podría vender a mi propia madre si creyera que iba a recibir un buen precio!”.
El patrón, recurriendo a la policía para aplastar aquella huelga que se vieron obligados a declarar.
Los guardias e imperialistas, capaces de “arrojar a niños e inválidos al fuego”.
El imperialismo cultural, que “es la madre de la esclavitud de la mente y del cuerpo. Es el imperialismo cultural lo que propicia la ceguera y la sordera mental que hace que la gente permita a los extranjeros decirnos lo que hay que hacer en nuestro propio país … ¿Quién puede tocar hoy el gicaandi y leer e interpretar los versos escritos en la calabaza?”.
Los bancos. El Banco del Progreso Económico de Kenia, subastó un pequeño trozo de tierra, dos acres, por pagar un crédito para conseguir buenas vacas.
La policía y la justicia. A Wangari, a cualquier mujer campesina o trabajadora, la detuvieron por merodear, cuando lo que hacía era recorrer Nairobi buscando trabajo.
El clan de parásitos, que vive del clan de los productores.
Y los Judas. Y los corruptos. Y tantos más.
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Pero. También hay amigos.
Estaba el Haraambe, la unidad, del Mau Mau, el movimiento del pueblo, que lucha por la independencia de Kenia, al que pertenecía Wangari, “una organización para extender el humanitarismo, ya que sus miembros acostumbraban a sacrificar sus propias vidas en defensa de los niños y los tullidos … proteger nuestro país”.
[Y es aquí que el tan denostado maniqueísmo cobra su sentido: “Hablar del cielo y el infierno no es nada más que una serie de historias para asustar a los niños … —¿Cielo e infierno? —irrumpió de nuevo Muturi en el debate—. Ambos existen, y existe diferencia entre ellos, tal como hay diferencia entre el bien y el mal, un buen corazón y un corazón perverso. Escuche. Nuestras vidas son un campo de batalla en el que se libra continuamente una guerra entre las fuerzas que se empeñan en confirmar nuestra humanidad y las que están dispuestas a desmantelarla; las que se esfuerzan en construir un muro protector en torno a nuestros buenos instintos, y las que desean derribarlo; entre las que buscan moldearlo y las que se comprometen a romperlo; entre las que nos ayudan a abrir nuestros ojos, para hacernos ver la luz y contemplar el mañana, preguntándonos sobre el futuro de nuestros hijos y aquellas que desean adormecernos cegándonos la vista, y nos incitan a cuidarnos solo de nuestros estómagos hoy, sin pensar en el futuro de nuestro país”].
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“Gatuiria se preguntó: ‘¿Nosotros, intelectuales entre trabajadores, de qué lado estamos?’”.
¿De qué lado? Que se escuchen hoy de nuevo aquellas conversaciones, en un viejo Ford T,
“¡Ahora se darán cuenta de por qué no puedo dejar nuestra tierra en manos del diablo para que haga lo que se le antoje con ella!”.