De otras ruinas circulares. Samizdat

De otras ruinas circulares. Samizdat

[Ahora que vienen volviendo: las censuras de libros, proto quema de libros; las oficinas de control de la información y de cualquier tipo de literatura; las campañas por redes de ataques a autores, libros, ideas; los ataques judiciales para prohibir libros].

Samizdat. Decir lo que no se puede decir.

Samizdat. Publicado por uno mismo.

Vladímir Bukovski así lo definía: «Yo mismo creo, edito, censuro, publico, distribuyo y resulto encarcelado por eso».

Nació en la antigua Unión Soviética ante la censura y represión stalinista. Fue un samizdat Un día en la vida de Iván Denísovich de Alexander Solzhenitsyn, por ejemplo.

En cualquier formato. Y cuando ni eso se podía, el formato inconquistable, hasta que pueda salir a la luz. Nadezhda Mandelstam, la esposa de Osip Mandelstam, los ocultaba en cualquier lugar de su casa, como se cuenta: los cojines, debajo de los colchones, en las plantillas de los zapatos, en el fondo de las cacerolas… Los encontraron. Los guardó en otro lado: su maravillosa memoria, hasta volver a darlos a la luz.

Chile bajo Pinochet. Era 1982 y Enrique Lihn publicó Derechos de autor. Recordaba Jorge Edwards que lo hizo “frente a la censura previa de los libros, convertida en la práctica en tramitación interminable con incidencias dignas de un señor Josef K. en Melipilla [Chile], y a la consiguiente autocensura de los escritores”. Lo define: un “no libro. El no libro es la versión criolla del samizdat”.

[Ese deber de la literatura que hoy se actualiza nuevamente, que se va haciendo más urgente nuevamente].

Deja un comentario