La hija del caníbal, de Rosa Montero

A partir de

La hija del caníbal, de Rosa Montero

“También necesita saber … quién era”.

***

Es que hay momentos en los que recibimos, se nos aparecen, irrumpen, se nos imponen, situaciones, cosas, de manera inesperada.

Estaba Lucía Romero con su aburrido marido Ramón -cansada ya de él-, en el aeropuerto. Ramón entró al baño. No volvió a saber de él.

Hasta que poco después, la noticia de su secuestro. Con el paso de los días sabría de esa trama de corrupción, de crímenes de alta envergadura, en la que se reúnen las altas finanzas, los altos cargos públicos, los traficantes, los bajos funcionarios, los matones, los mafiosos, en una capa de horrores entrelazados.

Nadie sabe finalmente con quién está, ni siquiera, quién es uno mismo; tal es “la enormidad del enigma de las personas, la imposibilidad absoluta de conocer al otro”.

***

Esa identidad de cada cual, ese conocer o realmente no conocer al otro te abruma cuando una situación así irrumpe -varias veces acaso, no siempre ante hechos dramáticos- en nuestras vidas.

Pero no sólo eso.

***

Podemos descubrir que si el verdadero poder está en la sombra, y que no son los héroes -épicos de ayer o pedestres de hoy- sino que son los acomodaticios sobrevivientes, quienes en verdad moldean lo que de allí salga -sea lo que sea-, están también los que deben sobrevivir a su vez, a aquellos sobrevivientes. Probablemente la gran mayoría de todos nosotros. Pareciéramos ser apenas decorado. Aunque. Aunque con todas sus apagadas luces y sus débiles sombras, son quienes, finalmente, portan una dignidad entre aquellos perdida.

Y que esa dignidad, “aunque inútil”, resulta “la medida del hombre”.

Deja un comentario