Esto parece el paraiso, de John Cheever

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Esto parece el paraiso, de John Cheever

Aún con la laguna en la que Lemuel Sears solía patinar cuando se congelaba contaminándose, el pueblo de Janice tenía ese “deslumbrante placer ante un paisaje hermoso un día de verano”.

Aún con la vejez, peligrosamente próxima a la decrepitud, Lemuel Sears se enamoraba de Renée Herndon y gozaba de su cuerpo, y con su belleza, ligereza, soltura y agilidad, era “un halagador complemento de su edad avanzada”.

Aún con Betsy y Henry su marido, vecinos de la mafiosa familia italiana de los Solazzo que era quienes contaminaban la laguna, olvidando a su bebé en su escapada a la playa, el ambientalista comunista Horace Chisholm que luchaba contra la contaminación de la laguna, rescató al pequeño y lo devolvió a sus padres.

Aún con Renée Herndon abandonando abruptamente a Lemuel Sears, dejándolo en la desdicha, Eduardo el ascensorista del departamento de su ingrato amor, lo consoló e inició en la sexualidad entre hombres.

Aún con Horace Chisholm asesinado por los mafiosos que se sentían amenazados por sus denuncias, Betsy en agradecimiento por encontrar a su bebé, inició una campaña de amenazas que repercutieron en la prensa logrando así que se detuviera la contaminación de la laguna.

Aún con la laguna contaminada y la contaminación defendida por el alcalde: “Nuestras mejoras de la laguna son un muy buen ejemplo de esa libre empresa que caracteriza a la economía y diría incluso que al carácter de esta gran nación”, la contaminación se detuvo, porque, afirmó Lemuel Sears, “¿es que no hay nada sagrado? Hay que proteger la inocencia del patinar sobre hielo en una laguna limpia”.

Aún con la contaminación, la decrepitud, el imperdonable descuido de un bebé, las mafias, la destructiva libertad de empresa; aún con todo eso, la laguna comenzó a resucitar. Y “era esa potentísima sensación de estar vivos en el planeta. Esa potentísima sensación de lo muy singular que es, en la vastedad de la creación, la riqueza de nuestra oportunidad. La sensación de ese momento fue un privilegio exquisito, la enorme vastedad de vivir aquí y que el amor nos renueve. Le pareció el paraíso”.

Aún, con todos estos, y otros, aún, nosotros, aquí y ahora, ¿cómo no emprender con esa potentísima sensación, la construcción de nuestro paraíso?

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