Sewell. Luces sombras y abandono, de María Eugenia Lorenzini

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Sewell. Luces sombras y abandono, de María Eugenia Lorenzini

Julio, obrero minero del cobre, militante del Partido Comunista, participa del Sindicato Industrial y preparan la huelga por el Petitorio presentado a los gringos dueños del mineral. Don Joaquin, el padre de Berta su novia, le advierte que estaban peor como inquilinos en el Sur, o en las minas salitreras del Norte. Pero en el campamento minero, todo está bajo control: si se ponen de novios, deben casarse, para resguardar la moral; no pueden tomar; las casas son de la empresa; los abarrotes que compran, a precios fijos en los almacenes de la empresa. Pillados noviando, están obligados a casarse, pero se aman, se casan, tienen a su hija, Amanda.

Hay esperanzas: gana el gobierno del presidente radical Gabriel González Videla, con ministros del Partido Comunista. Don Joaquín ahora advierte que “unir burgueses y obreros no puede ser bueno”. Tendría razón: González Videla expulsa a los Ministros del Partido Comunista, la empresa confecciona una lista negra con los miembros del sindicato que la policía busca para relegarlos al campo de concentración de Pisagua. Julio organiza la fuga entre los barrancos.

Y la vida era, dura, como reflexiona Ana la mujer de don Joaquín: “es cierto que Sewell es un buen lugar para vivir, si es que a esto se le llama vida, vivir para trabajar, comer y no tener nunca nada”.

Nuevas esperanzas con la candidatura del demócratacristiano Eduardo Frei Montalva y la “chilenización del cobre”, con jefes ahora chilenos, nueva maquinaria, viviendas para obreros en Rancagua y una ruta nueva que une la ciudad con la mina. Ero “las épocas están cambiando”, los obreros bajan a sus nuevas viviendas, Sewell se vacía y Ana siente el abandono a pesar de todo. Con la nacionalización del cobre del Gobierno de la Unidad Popular de Allende, vuelven las esperanzas a resurgir, el cobre es “el sueldo de Chile”, pero no tardará en llegar el desabastecimiento, el descontento, y después el golpe. A Julio lo desaparecen. Veinte años después, de Sewell no queda nada, convertido en centro turístico.

¿Pero detrás de Sewell centro turístico, no vino el nuevo mineral de El Teniente? La historia, nunca se detiene con sus don Joaquines y sus Anas, sus Julios y sus Bertas.

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