La luz negra, de María Gainza

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La luz negra, de María Gainza

 

Se registró como María Lydis en aquel hotel tras haber abandonado primero la oficina de tasación del Banco Ciudad, y después, por despido, la crítica de arte en aquel diario, para dedicarse a escribir la biografía de La Negra. Supo de ella por Enriqueta, experta número uno en arte que se enorgullecía de valerse solo de su linterna de luz negra y nada de nuevas tecnologías, quien certificaba las falsificaciones que La Negra hacía de Mariette Lydis.

Se lanzó entonces tras La Negra. Además de estos cambios, había muerto Enriqueta. A la que tanto admiraba, y que con tanta desenvoltura transitaba “el mundo de las falsificaciones”, “el mundo del delito”.

Un mundo que, a sus ojos, tenía “algo complejo, noble y heroico”. Pero que a la vez consistía tan solo en darse un “gustito indescriptible”. Que incluía algo de justiciero, con los falsificadores como “los que vivían a costa de timar a los ricos”. Que tenía algo de filosófico: “¿una buena falsificación no puede dar tanto placer como un original?”. Algo de resignado: “a veces me pregunto si la falsificación no era la única gran obra del siglo XX”.

Tras la muerte de Enriqueta, abandonó ese mundo. Aunque para perseguirlo literariamente: escribir la biografía de la gran falsificadora, “inextricable mezcla de poesía y verdad que configura toda leyenda”.

Y entonces encontrarse con que la luz negra de la linterna podía descubrir falsificaciones, y que la luz de La Negra iluminaba las posibilidades de la insinceridad, de la falsificación, “un método que multiplica nuestras personalidades” como decía Oscar Wilde y podía confirmar mirando a su alrededor: una gran artista que puede ser hombre y mujer a la vez como Lydis; una certificadora de autenticidad y al mismo tiempo cómplice de falsificadores como Enriqueta; una artista de vanguardia que oculta sus obras y una falsificadora que expone sus falsificaciones como La Negra.

Y la iluminaba también a sí misma.

La iluminaba porque uniéndose de esta manera a esa “banda de falsificadores melancólicos”, “por fin me sentía parte de algo”, y entonces “mis dos medios estaban satisfechos –el lado que buscaba protección, el lado que buscaba aventura”, ya que “Enriqueta le dio a mi vida un sabor”. Es que, contra el aburrimiento que la dominaba, “la búsqueda me daba la tanza para hilvanar mis días, me servía como propósito, como razón de ser, todo lo que había ido perdiendo en el último tiempo. Mientras buscara tendría un Norte”.

La iluminaba porque, finalmente, podía entreverse que motivos pueriles como estos, podrían llevarnos lejos, pero también, podríamos volver de allí, simplemente, dejando todo esto de lado.

4 comentarios en “La luz negra, de María Gainza

  1. Excelente comentario de este entretenido libro con una temática que pareciera un thriller y sin embargo es la búsqueda de Maria Lidys de una verdad que escondían las falsificaciones. Escrito en primera persona mantiene el interés por esa busqueda y nos muestra la inteligencia de la escritora con sus acotaciones de situaciones cotidianas.

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