Píldoras de la crítica. Los libros. Irene Vallejo

Píldoras de la crítica. Los libros. Irene Vallejo

(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos / Aunque en esta ocasión, algo más que esto.)

Las palabras. Aladas, homéricamente. Frágiles. Pedazos de aire. Apenas aire escrito. Soplos de aire.

Resguardadas en los libros.

  • Los libros. “los objetos, su materialidad, sus características, los gestos que llevan aparejados no son mera anécdota. De hecho, son decisivos. En la lucha por hacer sobrevivir las palabras –tan frágiles, meros pedazos de aire-, siempre han jugado un papel crucial el formato y la materia prima de los libros: cuánto duran, de qué materiales están fabricados, cuánto cuestan, cada cuánto tiempo hay que volver a copiarlos”.
  • Los libros. Botes salvavidas ante los horrores históricos y las tragedias cotidianas.
  • Los libros. Aliento de la libertad, odiados por los tiranos.
  • Los libros. “Poseer libros es un ejercicio de equilibrio sobre la cuerda floja. Un esfuerzo por unir los pedazos dispersos del universo hasta formar un conjunto dotado de sentido. Una arquitectura armoniosa frente al caos. Una escultura de arena. La guarida donde protegemos todo aquello que tememos olvidar. La memoria del mundo. Un dique contra el tsunami del tiempo”.
  • Los libros. Preparación y vector para el viaje y la aventura.
  • Los libros. Posibilidad de supervivencia de las ideas.
  • Los libros. “los mejores, los peores, los ambiguos, los problemáticos, los de doble filo. Disponer de todos ellos es bueno para pensar, y permite elegir”.
  • Los libros. La posibilidad de fundar lo moderno en lo clásico. La conversación infinita. La creatividad de la mezcla, lo mestizo.

Resguardados en las bibliotecas.

  • Las bibliotecas. Hospitalario refugio de lo diverso y lo opuesto, “uno de esos insólitos espacios de armisticio donde las hostilidades cesan, los enemigos se rozan en la promiscuidad de los estantes, las fronteras se difuminan y la lectura se convierte en una forma más de reconciliación”.
  • Las bibliotecas. Refugios de apátridas. Inventaron “una patria de papel para los apátridas de todos los tiempos”.

Esperanza de erigir todo lo que vale, siempre amenazado de derrumbe, siempre “bajo amenaza de ruina”. “No olvidemos que el libro ha sido nuestro aliado, desde hace muchos siglos, en una guerra que no registran los manuales de historia. La lucha por preservar nuestras creaciones valiosas: las palabras, que son apenas un soplo de aire; las ficciones que inventamos para dar sentido al caos y sobrevivir en él; los conocimientos verdaderos, falsos y siempre provisionales que vamos arañando en la roca dura de nuestra ignorancia”.

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