El Club Dante, de Matthew Pearl

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El Club Dante, de Matthew Pearl

“El sino de la literatura profetizada por el señor Emerson se ha hecho realidad … La literatura que alienta vida y muerte, que puede castigar y absolver”.

En un caso, puede tratarse del afán, la ilusión, de los propios escritores. Por eso, el tal vez más enérgico de los grandes poetas bostonianos, James Russell Lowell, que junto a Oliver Wendell Holmes, el glorioso Longfellow, con George Washington Greene y su editor J. T. Fields, que  formaron el Club Dante para la primera traducción al inglés de la Divina Comedia, quería renovar a su país con Dante. “Mientras Estados Unidos no aprenda a amar la literatura no como una diversión, no como unas simples coplillas para aprendérselas de memoria en un aula universitaria, sino para alimentar su energía humanizadora y ennoblecedora, no habrá  alcanzado ese alto designio que consiste en hacer de un pueblo una nación. Y eso se logra transformando un nombre muerto en una fuerza viva”. No se quedarían solo en la sola actividad literaria. Por un lado, deberían enfrentar a la corporación de Harvard que se oponía a toda renovación en nombre de la tradición. Por otro lado, se vieron obligados a afrontar una serie de crímenes dantescos, aclararlos, dar con el asesino.

En otro caso, puede que se trate de los mismos fines, pero llevados a cabo por otro tipo de personas. Igualmente conocedora de Dante para aplicar sus castigos, “¡Dante traducido con tinta o con sangre!”, igualmente decidida a engrandecer a Estados Unidos, igualmente enérgica y activa. Pero acaso más literal. “No sería ni la primera ni la última vez que la literatura se apodera de una mente debilitada”: Booth, el asesino de Lincoln, recitó una frase del Bruto de Shakespeare antes de disparar su mortal tiro.

Avanzan los castigos replicando los del Inferno de la Divina Comedia, desvelan a los literatos empujados a la acción, conmueven a la sociedad de Boston.

Estaba tal vez en la pretensión literaria. En la Divina Comedia “en cada región del Inferno Dante seguía a su adorado guía, el poeta romano Virgilio. A lo largo del camino, supo del sino de cada grupo de pecadores, escogiendo a uno o dos para dirigirse al mundo de los vivos”. Y si levantas tu voz y los convocas, ¿no es esperable una respuesta?

Estaba tal vez en los terribles efectos de la Guerra Civil recién concluida. En la Divina Comedia, se “aprecia la exactitud de la poesía de Dante. En el infierno de Milton, todo es salvaje, pero el de Dante está dividido en círculos, trazado con compases precisos. Tan real como nuestro propio mundo”. Mirar ese infierno apenas confirmaba el infierno vivido en nombre de la lucha por la libertad. Y aquí ya no la literatura alentando vida y muerte, sino el mundo reclamando su imperio, imponiendo su precio en sangre, “tan real como nuestro propio mundo”, y ya no en tinta.

La literatura que alienta vida y muerte, pero que solo es alentada por la vida y por la muerte; acaso indistinguibles, cada vez más, en cada círculo al que descendemos.

(Booket. Traducción de Vicente Villacampa)

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