Los heráclidas, de Eurípides

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Los heráclidas, de Eurípides

Los heráclidas, los hijos de Heracles, su madre Alcmena y su amigo de armas Yolao que quedó a cargo de su protección, fueron condenados a muerte por Euristeo, rey de Argos, por lo que viven huyendo Hasta llegar a Atenas. Allí su rey Demofonte decide ponerlos bajo su protección: “En todo tiempo esta tierra dio acogida a los desamparados fundado en la justicia. Y también por sus amigos ha soportado mil penas y ahora mismo veo la prueba cercana”.

Es que Euristeo se dispone a atacar Atenas para llevarse a los heráclidas a Argos y ejecutar su sentencia. Demofonte apronta todo para vencer la embestida sangrienta de Euristeo. Yolao respira al fin tranquilo. Pero los oráculos han dispuesto que Euristeo sacrifique a una doncella noble para que pueda vencer.

No está dispuesto a tanto. Tampoco Yolao, que se lamenta: “¡Hijos, somos semejantes a los navegantes que, vencidos por la tormenta, nadaron hacia la playa y van a alcanzarla ya, cuando la racha de los vientos los aleja! … ¡Cruel esperanza! ¿Por qué me engañaste? Ofrecer y no cumples … Esto nos reservó el Destino … caer en manos de nuestros enemigos y dejar la vida entre oprobios y dolores”.

Se disponen a dejar Atenas. Hasta que Macaria, la hija mayor de Heracles, se ofrece en sacrificio ella, doncella de noble linaje, para salvar a sus hermanos. Le dicen: “de cuantas mujeres he visto, la más osada y fuerte eres tú … alto, muy alto pones el valor de todas las mujeres”. Yolao la alaba y a la vez desfallece, tantos males que caen sobre ellos.

¡Oh!, es que “no hay hombre que sin los dioses pueda ser feliz, ni afrontar los valores de la suerte! Tampoco hay casa que durar pueda en ventura siempre una en pos de otra, van, en rápida carrera, las vicisitudes de la fortuna. Uno, ínfimo, asciende a la mayor altura; en tanto el que en lo excelso tenía primacía sucumbe a la dura fuerza del destino y rueda a la miseria. No deja el Hado que se huya a su propio Destino. No hay saber que lo esquive y, el que lo intente, fracasará en triste derrota”.

Tras la breve esperanza, nuevamente la desesperación. Y un nuevo giro. Llega Hilo, hijo de Heracles con un ejército que junto a Demofonte vencen a Euristeo. “Mucho el Destino engendra en mudanza perpetua, y veo que dura el Tiempo llenando todo de bienes”. Tal vez, esta nueva mudanza, ahora favorable, porque así “reprime ahora la petulante pretensión que antepone sus antojos a las normas de justicia”; la pasión de Argos a la justicia de Atenas.

Muda y muda el destino, y la Fortuna no siempre es adversa, y el Tiempo puede llenarse de bienes.

(Editorial Porrúa. Versión directa del griego con una Introducción de Angel Ma. Garibay K.)

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