Diálogos. Escritoras. Retratos de mujeres. Virginia Woolf

Diálogos. Escritoras. Retratos de mujeres. Virginia Woolf

(No es novela ni cuento, a quienes aquí acogemos. Pero escrita por un novelista, no es solo crítica o análisis. Es un diálogo entre escritores. Y creación de un espacio literario. Por eso también lo acogemos).

Busca en cada escritora su cualidad sin dejar de señalar sus defectos, y allí hay un núcleo de sus retratos y su crítica. De Elizabeth Barrett Browning, si “entendía por una novela- poema un libro en el que concisa y sutilmente se nos muestre a un personaje, las relaciones de muchos corazones desnudos y se desarrolle resueltamente un retrato, fracasó por completo. Pero si lo que se propuso fue darnos un sentido de la vida en general de gente que es inconfundiblemente victoriana, luchando con los problema de su época, todo ello iluminado, intensificado y sintetizado por el fuego de la poesía, triunfo”.

Y nos llevará a ese desafío que se propuso la señora Browning de “llevar la vida moderna” a la poesía, comparando la novela poema con la novela en prosa. La primera se pavonea y adopta “un énfasis que las hace ridículas”, “enemiga implacable del habla viva”, “ignora esos matices más leves, más sutiles, más ocultos de la emoción a través de los cuales construye el novelista poco a poco un personaje en prosa”. Pero ésta, logra “una intensificación y una significación simbólica con la que la prosa, con su enfoque gradual, no puede rivalizar”.

Lo mismo en George Eliot, con sus criticadas heroínas, pero en las que “la antigua conciencia de la mujer, cargada de sufrimiento y sensibilidad, y durante tantos siglos muda, parece haber rebosado y desbordado en ellas y formulado una petición de algo (ellas escasamente saben qué), algo quizás incompatible con los hechos de la existencia humana” y que entonces terminan trágicamente. Pero. Pero triunfan en la vida de la escritora –y aquí hay otro núcleo en la crítica de Virginia Woolf, ese ir y venir entre la obra y la escritora-, para George Eliot “el resultado fue triunfal, independientemente del que pueda haber sido para sus creaciones”.

En este último sentido, las hermanas Brönte. Charlotte, “nos hace ver lo que ve ella”. Así, “acabamos impregnados del todo por el talento, la vehemencia, la indignación de Charlotte Brönte”. Todo en ella reside en la afirmación del yo, “yo amo, yo odio, yo sufro”, fuera de los problemas generales de la vida humana. Y aún con los límites que esto represente, logra “una voz propia auténtica”. En ella, como en Emily, el tan observado rol de la naturaleza, es explicado: “necesidad de un símbolo más poderoso de las acciones de las vastas y adormecidas pasiones de la naturaleza humana de lo que las palabras o las acciones puedan transmitir”. Emily en cambio tenía preocupaciones más generales; “el impulso no es su propio sufrimiento … ella contempla un mundo fracturado en un desorden gigantesco y sentía dentro de sí el poder para unirlo en un libro”, con “una ambición gigantesca”, llevándonos a las “cumbres de la emoción”.

Nos dirá de Jane Austen, que fue “la artista más perfecta entre las mujeres”, llenando de significado lo trivial, con frases como látigo, con la risa como arma, estimulando al lector a suministrar lo que no está allí.

Una crítica que admite la cualidad aún entre los defectos, que une obra y vida, y así permite no solo comprender sino también querer leer.

(El Barquero. Introducción y traducción de José Manuel Alvarez Florez)

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