Puro fuego. Confesiones de una banda de chicas, de Joyce Carol Oates

A partir de

Puro fuego. Confesiones de una banda de chicas, de Joyce Carol Oates

Eran: Margaret Ann Sadovsky, Legs, la comandante en jefe; Goldie Siefrid, Bum.bum, Bettie, la teniente general; Madelaine Faith Wirtz, Madd- Monkey, Maddy, Killer por su lengua afilada, su hablar fluido; Loretta Maguire, Lana; Elizabeth O’Hagan, Rita, Red, Fireball. Eran: las cinco fundadoras de Foxfire, todas con entre catorce y diecisiete años.

“Foxfire era una banda de chicas fuera de la ley, sí. Pero éramos también hermanas de sangre, unidas por un lazo de lealtad, fidelidad, confianza, amor. Sí, cometimos lo que cabe llamar crímenes. La mayoría de ellos no sólo quedaron impunes, sino que permanecieron ignorados. Nuestras víctimas, todas del sexo masculino, se avergonzaban demasiado o eran demasiado cobardes para presentar denuncia”.

Nació en un acto de amor: Legs pidiendo el resguardo, sin preguntar nada, en su casa a Maddie después de escapar del Bienestar Social al que la habían enviado, a 500 kilómetros de Hammond, esa zona industrial, con su parte alta y su parte baja, ellas de la parte baja.

Nació en un acto de defensa: cuando la banda de chicos de los Vizcondes atacó a una de ellas, y todas la defendieron, y… los derrotaron y humillaron. Cuando los profesores se frotaban contra sus cuerpos adolescentes… y se vengaron. Porque “no existían bandas de chicas, nadie había oído hablar nunca ni quedaba constancia de la existencia de ‘bandas de chicas’, ¡oh, Dios mío, el sonido de esa expresión, ‘banda de chicas’ bastaba para que el corazón se te desbocara!”.

Nació en un acto de júbilo: pintando las paredes de la parte alta, rompiendo sus vidrieras.

Nació en un acto de osadía: robando un auto.

Nació en un acto de escucha: Legs al ex sacerdote socialista Theriault y sus diatribas.

Nació en un acto solemne, el Juramento, tomando de sus diatribas mucho, de sus historias mucho más, de sus esperanzas tanto: “Juráis solemnemente consagraros a vuestras hermanas en Foxfire, consagraros al ideal de Foxfire, pensar siempre en vuestras hermanas como quisierais que ellas pensaran en vosotras, en la Revolución del Proletariado que es inminente en el Apocalipsis que es inminente en el Valle de la Sombra de la Muerte y bajo tormento físico o espiritual no traicionar nunca a vuestras hermanas en Foxfire en pensamiento palabra u obra no revelar nunca los secretos de Foxfire no negar nunca a Foxfire ni en este mundo ni en el otro y por encima de todo entregarnos a Foxfire dedicándole toda vuestra lealtad todo vuestro valor vuestro corazón y vuestra alma y vuestra felicidad futura a Foxfire que Dios os ayude para siempre jamás hasta el fin de los tiempos”. “Sí lo juro: lo juro”.

Se forjó en las humillaciones y vejaciones: de Legs cuando fue encerrada en el Reformatorio Red Banks para Chicas.

Se forjó en las esperanzas: cuando arrendaron la casa desvencijada en las afueras de Hammond solo para ellas, para vivir una comunidad de chicas.

Murió, Foxfire, en un exceso, apuntado ahora contra el rico Kellog Jr. y sus propias diatribas contra los comunistas, contra los judíos, contra los sindicalistas, contra las huelgas, contra Franklin Delano Roosevelt.

Un exceso fue aquella ocasión. Acaso, porque, como sabía Legs, que cuando su abuela, de chica, le enseñaba a hacer las tareas domésticas le decía: “hay un modo correcto y un modo incorrecto de hacer las cosas”, y la nieta le respondía: “No, abuela, hay un solo modo correcto, pero hay mil modos equivocados y por eso la gente lo jode todo continuamente”.

Murió Foxfire, sí. Realizó acciones criminales, sí. “Con el paso de los años, los motivos humanos han llegado a interesarme menos que las acciones humanas, que el hecho de existir”, reflexiona Maddy.

Puede ser. Aunque los motivos sobraban: aquellos abusos de los hombres, aquella pobreza, aquel odio de los ricos, aquellas vejaciones de las celadoras, aquellas esperanzas, aquel amor.

Puede ser, en cambio, que sí, que, al final, las cosas consistan simplemente en “el hecho de existir”. Acaso, no la existencia de cada cual, sino, como aquí, de algo impensado: una banda de chicas.

 (Ediciones B. Traducción de Montserrat Serra)

Un comentario en “Puro fuego. Confesiones de una banda de chicas, de Joyce Carol Oates

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s