Diálogos. Leer o no leer y otros escritos. Virginia Woolf

Diálogos. Leer o no leer y otros escritos. Virginia Woolf

(No es novela ni cuento, a quienes aquí acogemos. Pero escrita por un novelista, no es solo crítica o análisis. Es un diálogo entre escritores. Y creación de un espacio literario. Por eso también lo acogemos).

Habrá un hilo común que encontraremos al referirse al ensayo, a la lectura, incluso a la poesía y la novela. La personalidad, la independencia. Y de la mano con esto, el placer y el gusto.

El ensayo debe contener “la expresión de una opinión personal”. Ahora bien, esta tiene ciertas exigencias: “unos lo hacen por inspiración genuina”, para expresar “el alma de su pensamiento”, pero otros por el mero “acto mecánico de escribir”.

En la novela, sus escritores contemporáneos, verá el efecto fatal de “que el arte de leer y escribir podía enseñarse”, y así “los profesores tomaban los manuscritos de los jóvenes y hacían círculos de tiza azul alrededor de este adjetivo y círculos de tiza roja alrededor de ese adverbio. Añadían en tinta morada lo que Pope habría pensado y lo que Wordsworth habría dicho. Y los jóvenes, como amaban a los profesores, les creían. De ahí resultó que en lugar de saber que el sol está en el cielo y el pájaro en la rama, los jóvenes aprendieron el curso de literatura inglesa de un extremo al otro; cómo una época sigue a otra; cómo una influencia anula a otra; cómo un estilo se deriva del otro; y cómo una frase es mejor que otra. Se pusieron al servicio de sus profesores en lugar de cabalgar en solitario hacia la batalla”.

Ante esto, “no debemos atribuirle demasiada importancia al método. Cualquier método, todos los métodos, son acertado si expresan lo que deseamos expresar … el problema que se le presenta al novelista es idear un método para ser libre de escribir lo que quiera”.

Al leer, debemos saber que “no obtenemos absolutamente nada aparte de placer”, y para leer debemos primero “ser concientes de nuestras propias impresiones”: “¿es bueno o malo?”, y recién después podemos recurrir a algún crítico. Es que “uno puede pensar acerca de la lectura tanto como desee pero nadie va a imponerle leyes … al menos en esta habitación respiramos aire de libertad”.

En el mismo sentido, el placer y el gusto, tan personales, aún estando condicionados, son los criterios mayores. “El crítico puede ser capaz de abstraer la esencia y disfrutar con tranquilidad, pero para el resto de nosotros en cada libro hay algo –sexo, carácter, temperamento- que, igual que en la vida, provoca el afecto o el rechazo; e igual que en la vida, oscila y predispone; y también igual que en la vida, apenas puede ser analizado racionalmente”.

Habrá algunas sentencias. Para alcanzar una obra maestra, una gran obra, una obra que perdure, el escritor ha de saber que “una de las cualidades de la grandeza es que ajusta el cielo, la tierra y la naturaleza humana de acuerdo a su propia visión”.

Habrá una complejidad: “acerca de las peculiares cualidades de la literatura escrita por mujeres” Por un lado, nos dice, “cualquier énfasis añadido concientemente al sexo de un escritor no solo es irritante sino superfluo”, y “nadie admitirá que pueda confundir una novela escrita por un hombre con una novela escrita por una mujer”. Pero, por otro lado, “la diferencia esencial no se encuentra en el hecho de que los hombre describan batallas y las mujeres partos, sino que cada sexo se describe a sí mismo”, y detecta rápidamente los fallos del otro sexo.

Habrá también preguntas, muchas preguntas. Y con ellas encontraremos la sombra y el contraste.

¿Por qué ha decaído la poesía, reina de las letras inglesas, tanto como el drama isabelino? ¿Cómo será la novela del futuro? Y veremos que las razones están en los cambios de la sociedad. Hoy, los “sentimientos que solían surgir claros y aislados ya no lo hacen. La belleza es parte de la fealdad; la diversión, parte de la repulsión; el placer, parte del dolor. Emociones que solían penetrar en la mente íntegras ahora se fragmentan en su umbral … Pero la emoción que sintió Keats cuando escuchó el canto del ruiseñor es una y completa, aunque pase de la alegría a la melancolía por la desdicha del sino humano. Él no los contrasta. En su poema la melancolía es la sombra que acompaña a la belleza. En la mente  moderna a la belleza no la acompaña su sombra sino su opuesto”.

(ABADA editores. Traducción de Miguel Angel Martínez- Cabeza)

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