Píldoras de la crítica. La novela, descifrar el enigma. Theodore Adorno

Píldoras de la crítica. La novela, descifrar el enigma. Theodore Adorno

(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)

(Porque existió Auschwitz. Por la industria cultural. Por la alienación. Por el debate con Lukacs y el realismo y los dictámenes dogmáticos).

La novela, “hoy se la caracteriza por medio de una paradoja: ya no puede narrar, mientras que la forma de la novela exige narración.

  • “En su comienzo está la experiencia del mundo desencantado en Don Quijote, y su elemento sigue siendo el dominio artístico de la mera existencia. El realismo le era inmanente”.
  • “A lo largo de una evolución que se remonta al siglo XIX y que hoy se ha acelerado al máximo, este modo de proceder se ha hecho cuestionable”:
  • “desde el punto de vista del narrador, por el subjetivismo, que no tolera ya nada material sin transformación y precisamente con ello socava el principio épico de objetualidad”.
  • Respecto al asunto, “del mismo modo que la fotografía relevó a la pintura de muchas de sus tareas tradicionales, así han hecho con la novela el reportaje y los medios de la industria cultural, especialmente el cine. La novela debería concentrarse en lo que la crónica no puede proveer”.
  • Además, “la identidad de la experiencia, la vida en sí continua y articulada que es la única que permite la actitud del narrador, se ha desintegrado. Sólo se necesita constatar la imposibilidad de que cualquiera que haya participado en la guerra cuente de ella como antes podía uno contar de sus aventuras”.

Por eso, de lo que se trata es de representar la esencia y su antítesis. La novelística de Dostoyevski, no es la de la psicología, ya está Freud (así como está el reportaje), “si es que en él la hay, es una psicología del carácter inteligible, de la esencia, y no del carácter empírico, de las personas que uno se encuentra por ahí. No sólo el hecho de que las informaciones y la ciencia se hayan incautado de todo lo positivo, aprehensible, incluso de la facticidad de lo íntimo, obliga a la novela a romper con eso y a asumir la representación e la esencia y su antítesis, sino también el de que cuanto más densa e ininterrumpidamente se estructura la superficie del proceso vital social, tanto más herméticamente recubre ésta como un velo la esencia. Si la novela quiere seguir siendo fiel a su herencia realista y decir cómo son realmente las cosas, debe renunciar a un realismo que al reproducir la fachada no hace sino ponerse al servicio de lo que de engañoso ésta tiene … cuanto más extraños se han hecho entre sí los hombres, los individuos y los colectivos, tanto más enigmáticos se hacen al mismo tiempo los unos a los otros, y el intento de descifrar el enigma de la vida exterior, el impulso propiamente dicho de la novela, se transmuta en la preocupación por la esencia”.

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