De pronto oigo la voz del agua, Hiromi Kawakami

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De pronto oigo la voz del agua, Hiromi Kawakami

1986. Muere la madre de Miyako y Ryo.

1995. Ataque con gas sarín al metro que abordaba siempre Ryo. Ese día, providencialmente, se retrasó para abordarlo. Pero podría haber muerto él. Siente la cercanía de la muerte y la soledad. Y en 1996, después de diez años de la muerte de la madre, y casi sin haberse visto en ese tiempo, le pide a Miyako que vuelvan a vivir en su casa de la infancia.

1996. Vuelven a vivir en la casa de la infancia. Aparecen los recuerdos. Cierran con un candado la habitación que era de Ryo. Aparece a Miyako su madre en sueños: “’Si no me equivoco, habéis vuelto a vivir aquí juntos’. Le digo que sí. ‘Me pregunto si es buena idea’, dijo”. Recuerda la vez que Takeji les dijo que su padre no era su padre. La vez que les dijo que su padre y su madre eran hermanos. La vez que les dijo que él, Takeji, era su padre biológico.

No es, tal vez, esto, ya de por sí extraño, lo extraño. Lo extraño fue la reacción: ninguna. “Lo lógico era que nos hubieses contado la verdad mucho antes … Una familia que no se toma la molestia de decir la verdad a los niños, sino que se conforma con esperar a que surja la oportunidad de hacerlo. La nuestra encaja con esa definición … Concluimos que lo mejor sería no preguntar demasiado”.

2013. Aparecen, además de los recuerdos, además de los sueños con la mamá, las preguntas: “¿Por qué vivimos juntos?” Y fueron apareciendo distintas respuestas. “Porque no me gusta estar solo”. Abre la puerta de la antigua habitación de Ryo, saca el candado. Otra respuesta: “por una extraña sensación que tuvo en 1995, esa voz de alguien que moría por el atentado que resuena. El padre que sufre un infarto. Otra respuesta: “porque te quiero”. Nuevos recuerdos, aquella noche, treinta años atrás, en la habitación de Ryo, y la vergüenza que sintieron después. Y que ya no sienten.

¿Será el tiempo transcurrido ese cambio que sentían? “No nos constituye el significado que revisten los acontecimientos, las cosas que han pasado. Existimos, simplemente, en función de lo que llega. Somos quienes somos por puro azar (podríamos ser completamente distintos), y no vale la pena buscar más allá, ¿no crees? Visto así, todo carece de sentido”.

¿Será porque al recordar reconocen lo que los fue haciendo? “Como nuestros padres, personas distintas a lo normal”.

¿Será porque, al reconocerse pueden nombrarse? “Ryo y yo, como el resto de las personas, estamos hechos de mayores complejidades, de elementos heterogéneos y, por tanto, de impurezas”.

¿Será por la fuerza de una emoción desbordada? “Tengo miedo de la felicidad que me embarga cuando estoy con él”.

Cuando todo carece de sentido, o, en cambio, oculta un sentido inconfesable.

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