Ilíada, de Homero

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Ilíada, de Homero

“La cólera canta, oh diosa, de Aquiles, maldita, que causó a los aqueos incontables dolores”. Es que Aquiles, tras una riña -por el botín- con Agamenón, jefe de las fuerzas aqueas que están en el noveno año del asedio a Troya, a Ilión, enfurecido, se retiró de la batalla. Por el botín, en su guerra ofensiva luchaban los griegos; por la patria, en su guerra defensiva, los troyanos.

Terrible decisión, que amenazó la posibilidad de triunfo de los griegos, provocó graves descalabros en sucesivas batallas, llegando a quedar acorralados en sus naves, temiendo tener que regresar derrotados a sus tierras. No solo derrotas militares, la peste los asola, por la maldición del sacerdote Crises al rechazar Agamenón devolverle su hija.

Aquiles no sólo se retira de la batalla, goza con estos padecimientos de los suyos. “La guerra y la peste juntas van a doblegar a los aqueos”, advierte. Y aún así, nada lo mueve de su funesta decisión.

Es funesta la decisión de Aquiles. Pero la maldita, es la cólera. Porque domina a todos, porque todos la necesitan para el combate.

Domina a los dioses. En asamblea en el Olimpo, los dioses debaten. Hera y Atenea protegen al griego Menelao, a quien Paris raptó su mujer, Helena. Afrodita protege a Paris, el hijo rústico de Príamo, rey de Troya. Debaten si siguen suscitando el combate o si promueven la amistad entre ambos bandos. Esta sola idea hacía que Afrodita sintiera que “una feroz ira la invadía”. Hera también lo rechaza, y Zeús le responde “muy enojado”: “¡Infeliz! ¿Qué daño te hacen Príamo y los hijos de Príamo? Si entraras en las puertas y en los largos muros y devoraras crudos a Príamo y a los hijos de Príamo y a los demás troyanos, sólo así te curarías esa ira”. Además, Ilión es su ciudad más querida. Y Tetis, la madre de Aquiles, ruega a Zeús que castigue a los aqueos por haber ofendido a su hijo. Zeús accede. “Dura es la ira divina”.

Domina a los combatientes. Unos la necesitan, para el combate. A Diomedes, Palas Atenea “infundió furia y audacia, para que destacado entre todos los argivos se hiciera y se alzara con noble gloria”. Pero otros, se ciegan pudiendo ser llevados a la derrota: Ulises visita a Aquiles para que vuelva al combate, es que “está en duda si pereceremos o si salvaremos las naves, de buenos bancos, al menos que tú entres en liza”, y le ruega, “cálmate y deja la ira que corroe el ánimo”.

Fue la muerte de su amado Patroclo el que impulsó a Aquiles a retomar la batalla, y así se inició la derrota troyana, matando a su más grande héroe, Héctor. Y lo hizo clamando, rogando que “desaparezcan de los dioses y de las gentes la disputa y la ira, que aún al juicioso impulsan a enfadarse, y que más dulce que la miel destilada, aumentan en el pecho de los hombres, igual que el humo”.

Guerra que solo trae calamidades; cólera, maldita, que a todos los domina y su triunfo no es más que una derrota: muere Héctor a manos de Aquiles, morirá Aquiles.

 (Gredos. Traducción de Emilio Crespo Güemes)

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