IA y la Ilustración oscura: De Hobbes a Hobbes. El viaje del Almirante y el bibliotecario: hombres buenos y poetas melancólicos. Notas, XI

“Nuestro siglo, que se cree destinado a cambiar las leyes de todo género y a hacer justicia”

D’Alembert, Discurso preliminar a la Enciclopedia

Y nuestro siglo, ¿qué es lo que se cree?

***

Una ilusión -al menos un tema de discusión-, no ingenua. No por nada se habla de “Ilustración oscura”. No por nada sus paladines estudiaron filosofía.

¿Pueden las ideas cambiar, remodelar, reconfigurar, el mundo?

Un Manifiesto de 22 puntos parece responder afirmativamente. Palantir. Thiel.

No de manera ingenua. Esta poderosa corporación quiere ejercer su poder, sin cortapisas. No está al servicio de nadie. Con audacia con sus programas de software basados en IA, quiere una alianza- fusión, con el Estado. Con su Manifiesto guiar su voluntad de poder.

Ciega a los prompts, acaso banales, de todos nosotros, mira a un futuro temible. “Ilustración oscura”, ¿cuánto tienes de las Luces?

***

A inicios de los años de 1780, desde España, dos hombres buenos de Arturo Pérez- Reverte, don Pedro Zárate, el Almirante, y don Hermógenes Molina, bibliotecario, ambos miembros de la Real Academia de la Lengua Española, partían en viaje a Francia, en busca de la Enciclopedia, o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, que había conmovido a Francia y a Europa y sus confines, para llevarla a Madrid. Condensaba la luz de la Razón, en aquellos años de la Ilustración, que venía a decir un mundo nuevo que pujaba por nacer, y luchaba porque perecieran siglos de oscurantismo. Era “un tiempo de esperanza”.

***

Investigando La tradición oculta del pueblo judío, Hannah Arendt remonta a la Ilustración la cuestión judía tal como llegaría hasta sus días. Dicho al pasar, resume el período de la Ilustración como el de “la pura posibilidad”.

***

Cada época contiene en su seno la semilla de su contradicción. En el seno de la Ilustración, como anticipación del Romanticismo, Herder lanzaba una advertencia: oponía al mundo de las posibilidades, el mundo de la cruel realidad [inmediata], nos recuerda Arendt. Para Herder, “la verdadera diferencia entre los hombres es más importante que su igualdad esencial”.

En La ilustración escocesa, Arthur L. Herman, nos habla de Walter Scott, que “ofrecería a la modernidad, un antídoto consciente de sí: un mundo de imaginación heroica, para equilibrar el mundo de los hechos, a veces sobrios, a veces deprimentes”. Sí, mirando conservadoramente atrás, pero que advertía contra una “modernidad sin alma”.

Nacía una nueva época, que proclamaba, daba fundamento, guiaba con su luz a la modernidad bajo nuevos principios con las ideas de la razón, la libertad, el progreso, la felicidad, la igualdad esencial entre los seres humanos. Nacía su contradicción.

***

Nacía y luchaba. El almirante y el bibliotecario conocieron en Paris al abate Bringas, furioso detractor del oscurantismo, con su poema Tiranía:

“¿Quién hizo a reyes, papas, regentes

árbitros de la ley, jueces del mundo?”

No sólo declamaba versos. Abogaba por cortar cabezas. Las cortaría, junto a Robespierre en la Revolución Francesa. Las ideas daban fundamento a la acción. Hoy, tantas frustraciones después, pareciera que esto no es más así.

¿No lo es?

***

Peter Thiel, fundador de la empresa tecnológica Palantir, que entre sus productos desarrolló el software basado en IA para recopilar y analizar información y que puso al servicio de fines militares y de vigilancia, se unió a un viejo compañero de estudios, Alex Karp, que estudió filosofía. Alex Karp con Nicholas Zamiska, también miembro de Palantir, publicaron el libro La república tecnológica: poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente. Palantir lo difundió masivamente en un Manifiesto de 22 puntos. Hablan allí de distintas dimensiones de la vida social presente: la geopolítica y la seguridad; la relación entre sociedad y política; el papel de la industria tecnológica. Advierten de los límites del “poder blando”; declaran la incompatibilidad entre democracia y libertad, y entre democracia y capitalismo; advierten contra los nuevos AntiCristos; promueven la fusión entre el Estado y las corporaciones tecnológicas, que el Estado funcione como una corporación liderada por un CEO- rey; a la vez que promueven la fragmentación para evitar la tiranía… excepto la del hegemon propio.

Trajo la alarma y la crítica. Se habló de tecnofascismo, y de una Ilustración oscura. Acaso, esto último, porque es filósofo Karp. Por encima de todo, porque contiene un proyecto civilizatorio.

No sólo dicho Manifiesto y su libro de base. Sino el mundo que está remodelando esta era de la IA.

***

En la era de la IA, se impone la pregunta, que intentamos hacernos e ir indagando en estas Notas…, sobre qué es lo específicamente humano, por ejemplo, aquí en Notas, II. Es que su poder no descansa sólo en la inconcebible concentración de capital en unas contadas super corporaciones, en las potenciadas capacidades tecnológicas para vigilar (y castigar), en sus usos militares, en su capacidad de manipular -siempre hasta cierto punto- el ánimo (resumamos así la unión transitoria entre pensamiento y acción). Sino también en introducirse de manera natural -esta herramienta de inteligencia artificial– en nuestras enteras vidas, a través del lenguaje: ese poderoso poder de la usurpación de las palabras, como venimos también mencionando, por ejemplo, aquí en nuestras Notas, VI.

Y esta remodelación del mundo -acaso de manera inesperada: ya hemos hablado de lo social como fenómeno emergente con Margaret Archer y del paralelogramo de fuerzas de Engels, aquí en nuestras Notas, VI– es un proyecto de poder. La Ilustración francesa, dio la Revolución Francesa. La ilustración escocesa e inglesas, fue posibilitada por la Revolución Gloriosa y una serie de revueltas y motines que la antecedieron. La Ilustración alemana esperó por décadas su revolución.

***

En España, don Pedro Zárate y don Hermógenes Molina se despiden del abate Bringas, de manera conmovedora, que les dice: “Si resulto derrotado, deséenme que acabe fiel a lo que soy, deséenme que no sobreviva … Ya nada me quedará por hacer en este mundo, excepto dejar sitio”. Pero, “alguna vez llegará el amanecer. Vendrá el nuevo día … Pero los que hicimos posible ese amanecer, ya no estaremos allí. Habremos sucumbido a la noche, o asistiremos al alba pálidos, exhaustos, deshechos por el combate”.

Es que un proyecto de poder, es un combate.

***

“Aquí, donde el mundo se acalla;

Aquí, donde todas las aflicciones

Se agolpan como olas exhaustas

El presente ha de morir mañana”

“Orgulloso y sombrío

Palpitaba en el abismo profundo del cielo

Oh, mano separada del amigo incondicional

Sin frutos que recoger o victorias por alcanzar

¿Por qué despertamos al vacío desgarrados de temor?”

(Swinburne)

Un combate de resultados inciertos: ya nos referimos a Archer y a Engels. Una incertidumbre que contiene una certeza de oscuridad.

Por eso, nos dice Arendt que preferimos al optimismo de la ideología del progreso, la melancolía que le siguió y cantaron los poetas. Goethe, Baudelaire, Swinburne, Nietzche.

***

¿Qué antecedió a la Ilustración? ¿No serán estos, más que el reverso oscuro de los años de la Ilustración, los años que la antecedieron?

Los años del Estado absolutista. Perry Anderson lo define como “la estructura de las monarquías absolutas, construcciones exóticas e híbridas cuya fachada ‘moderna’ traicionaba una y otra vez un subterráneo arcaísmo”. Sus innovaciones institucionales: ejército, burocracia, impuestos, comercio, diplomacia, estaban al servicio de la nobleza feudal, en transición inevitable al capitalismo. Y, cita Anderson a Montesquieu refiriéndose al “despotismo oriental”: “Todos los hombres son iguales en un Estado republicano; también son iguales en un Estado despótico. En el primero, porque lo son todo; en el segundo porque no son nada”.

Antes entonces de Diderot y D’Alembert con su Enciclopedia, de Montesquieu, de Condorcet, de la Enciclopedia británica y Locke, y Adam Smith, y los escoceses Hume, Lord Kames, Hutcheson, Thomas Ried, de Kant. Antes: Hobbes. Su canto al despotismo, a la “absolutización del poder”.

Más allá del deslumbramiento por un “CEO- filósofo”, su proyecto de poder, de sociedad, no es el de la Ilustración, ni clara ni oscura. Es hobbesiana, pre- ilustrada.

***

En El espíritu de la Ilustración, Tzvetan Todorov nos recuerda que “por primera vez en la historia, los seres humanos deciden tomar las riendas de su destino y convenir el bienestar de la humanidad en objetivo último de sus actos”.

Aquí, en este proyecto de poder en la era de la IA, Thiel y los suyos son conscientes de la importancia de convenir en el bienestar de la humanidad [una vez Trotsky dijo que se vencería a la Unión Soviética con mercancías baratas no con cañones], a cambio de ceder las riendas de su destino.

Nacían así los “hombres ilustrados”, las personas que toman las riendas de su destino. Pero, al pasar, los caracteriza como “individuos bien informados y capaces de razonar”, y con ello de dialogar y argumentar. ¿Pero qué es “el hombre (la persona) ilustrado” hoy día; este Peter Thiel muchísimo más que “bien informado”, más bien un dueño de la información?

En Qué es la ilustración, Kant, esa otra vertiente de la Ilustración -con la colaboración y rivalidad entre Francia, Alemania e Inglaterra con sus ilustrados- llamaba a servirse del entendimiento, “sin la dirección de otro … sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la Ilustración”.

Advertía contra algo inquietantemente actual -que está en las advertencias que se hacen sobre los usos de la IA, no la IA misma-: se permanece bajo conducción ajena, “debido a la pereza y la cobardía. Por eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores … Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con solo pagar, no tengo necesidad de pensar”. “Quid rides? Mutato nomine de te fabula narratur” (“¿De qué te ríes? Si cambias el nombre, la historia habla de ti”), nos decía Horario en sus Sátiras: estos usos de la IA, hablan de ti, de nosotros.

***

En 1751 salía el primer volumen de la Enciclopedia…, con la aprobación del rey. Cuarenta y dos años después, en 1793, ese mismo rey era, nos cuenta en su aventura de los dos hombres buenos de Pérez- Reverte, “guillotinado en la plaza pública de Paris, precisamente en nombre de las ideas que, que aquella misma Enciclopedia, habían incendiado Francia y buena parte del mundo. La vida tiene esas bromas, concluí. Su propio sentido del humor”.

¿Qué será de las nuevas Enciclopedias, libros sobre las repúblicas tecnológicas y sus Manifiestos, de sus autores, de sus dueños, sus nuevos príncipes ilustrados?

***

¿Sueñan los Alex Karp con revoluciones electrónicas? -parafraseemos al Philip K. Dick.

***

¿Tiempo de esperanza, renovada, aunque oscura? “Lo dijo Diderot, me parece. Cada siglo tiene un espíritu característico, y el espíritu de este es la libertad”, reflexionaba el abate Bringas. Y concluía: “Si hay revolución, en el mundo podrido que habitamos, no saldrá de las clases altas ilustradas de salón, ni tampoco del pueblo analfabeto y resignado, ni de los tenderos y artesanos que ni leen la Enciclopedia ni la leerán nunca. Vendrá de los impresores, periodistas, de nosotros los escritores capaces de transformar la teoría filosófica en prosa vibrante … No hay mejor piedra de amolar cuchillos que la letra impresa”. Aunque, no perdía el pie: tenia como mar de fondo la desesperación amarga del pueblo. O tal vez sean los Karp gramscianos sin quererlo queriendo una nueva “revolución pasiva”, por arriba.

El ilustrado Condorcet, advertía: “… todo poder es por naturaleza enemigo de la Ilustración”. Rousseau, que  hay que “disipar la ilusión de continuidad automática entre acumulación de conocimiento y perfeccionamiento moral y político”. Y Montesquieu -todos rescatados por Todorov- que “toda ambición de dominar totalmente el mundo es vana, debido tanto a su extrema complejidad como al carácter singular de uno de sus habitantes, el ser humano, que jamás es del todo previsible”.

***

Tal vez la reserva de humanidad esté en esta imprevisibilidad. Tal vez aquí lo específicamente humano que nos preguntamos en esta serie de Notas… Que necesita reunir a los hombres buenos de Pérez Reverte con sus reunidas diferencias para llevar a Madrid las luces de la Enciclopedia, contra sus contemporáneas amenazas.

Si ayer el proyecto ilustrado impugnaba los poderes, clamaba por romper todo tutela -¡Sapere Aude!- que descansaba en la Iglesia y la Monarquía, ¿hoy descansa en la IA? La IA misma, no sus dueños, o no sólo sus dueños. Muchos advierten contra “humanizarla”, tal vez un eco del antropocentrismo. Pero hoy hay fábricas diseñando robots humanoides para operarlas -y no es necesaria su fisonomía humana, ¿Por qué hacerlos así? No es por antropocentrismo. Es vano advertir al respecto. Se habla con la IA como con otro, o incluso como con uno mismo: este sea tal vez su mayor poder, en el sentido -acaso inesperado de internalización a lo Talcott Parsons-: negarle entidad -un “otro” con el que interactuamos, no sólo reducible a la manipulación de quienes están detrás, las corporaciones, sino un agente-, nos impediría reconocer que puede ser la kantiana “regla externa” contemporánea. Que necesita, una vez más, nuevos “hombres buenos”.  

Deja un comentario