
A partir de
La boca del caballo, de Joyce Cary
Cuando el pintor Jimson salió de la cárcel -por deudas, después de dejar a su segunda mujer, Sara Parker, a quien el comerciante de arte Hickson le incautaría las obras que le quedaban para saldar sus deudas- llamó por teléfono público a Hickson con amenazas. La policía lo perseguiría, en las tabernas en las que bebía, se emborrachaba y se seguía endeudando; en las calles de Londres; en la mísera pensión, Elsinore, en la que terminó parando, con su amigo, el predicador de izquierda Plantie, con quien discutía sobre Spinoza, mientras citaba a Shakespeare con otros autores y pintores, sobre todo a William Blake a quien adoraba y con quien pergeñaba pequeñas estafas como la suscripción a la inexistente Sociedad William Blake para preservar sus obras; mientras seguía pintando en su estudio-un galpón de botes derruido; mientras conocía a otro embaucador, también pobre de toda pobreza, el profesor Alabaster, que aconsejaba a los ricos Sir y Lady Beeder sobre arte, y le abría a Jimson las puertas de su mansión, dejada a su cuidado durante un viaje, que la desvalijaría mientras iniciaba un mural en sus paredes.
***
[Algo más que “excentricidades del genio”; vida de marginal, ¿de Jimson, de los artistas en ese entonces?].
***
No eran las únicas acusaciones y persecuciones que sufriría.
***
“Es usted un artista moderno”.
Esta era la otra acusación, lo que también lo perseguía.
Artista, critica -halagándolos- a Plantie, y sus predicadores, porque “pertenecen a una clase que está hecha a prueba de la influencia doméstica, a menudo continúan creyendo en la verdad, la belleza y la bondad, durante todas sus vidas”. Les critica que observan su obra preguntándole por su significado y que así se “clava nuestro trabajo de imaginación contra la roca de la ley, la roca del por qué y del qué es y lo somete a un análisis lógico”.
Artista -blakeriano- se denosta, y se ensalza. “Soy un genio… Un hijo de Los. Los era el Profeta del Señor”.
Artista, figura del artista, rechaza a los burgueses y ama a los ricos con su indiferencia por lo cotidiano y su posibilidad de amar -comprar (él, por su parte, saca la cuenta en cada operación cotidiana, desde la compra de una jarra de cerveza hasta la valoración de sus obras, cada chelín, cada penique, cada libra, cada guinea) obras de arte.
Artista moderno, critica lo establecido, a la Academia, por ser algo “excesivamente artístico”: líneas y colores vs. la materia, lo real, la vida.
Lo real, la vida, que sufre, padece, a la que se abraza inevitablemente, con sus miserias, violencias, abandonos, engaños, con esa vida de sobrevivencia que lo humilla, y a la que se abraza.
Y a la que quiere -tal vez sin saberlo- representar.
***
En una de sus obras -la que quiere sea su “obra maestra”, no los cuadritos del “período Sara Parker”- El origen, con su Adán y con su Eva, retrata esta vida, vida de Jimson, vida del artista: “El descubrimiento del mundo concreto y cruel, el bien y el mal”.
***
[Marginalidad de Jimson, marginalidad del artista, marginalidad social. Marginalidad que, a pesar de los velos y vapores del oropel y la fama de estos días, sigue presente; también hoy presentes/ausentes, desplazados y diluidos, debates que hacen a la creación].
(Emecé editores. Traducción de Narciso Pousa)